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África y Europa combaten a la insurgencia en Mozambique

Tropas ruandesas y mozambiqueñas han recuperado la ciudad portuaria de Mocímboa da Praia de manos de los insurgentes islamistas. Hasta ahora se trataba de uno de los principales bastiones de los rebeldes situado al norte de Mozambique. El mes pasado, Ruanda envió una fuerza compuesta por 1.000 efectivos militares a Mozambique  para combatir el foco de insurgencia que desestabiliza el país desde 2017. Hasta el momento más de 3.000 personas han muerto y 820.000 han sido desplazadas.

El pasado mes, fuerzas militares procedentes de Sudáfrica y Botswana se desplegaron en el norte de Mozambique para apoyar a las fuerzas gubernamentales en su lucha contra la creciente insurgencia islamista. Los refuerzos se han unido a las tropas ruandesas y a los contingentes de entrenamiento militar de Europa y EE.UU. Sin embargo, a pesar de las recientes victorias, según los expertos existe un riesgo significativo de que el actual apoyo regional a Mozambique no sea suficiente para acabar con el problema y de que se requiera una coalición militar internacional de mayor entidad para sofocar los combates con garantías.

Sin embargo, desde el principio el gobierno de Mozambique se ha mostrado reacio a aceptar ayuda militar externa, particularmente de su vecino más grande y con mayor capacidad militar, Sudáfrica. Esta reticencia se debe principalmente a las sospechas de que Pretoria podría utilizar su presencia militar en el territorio con otros fines. Por si no fuera suficiente, la reciente detención de espías sudafricanos, que supuestamente operaban en Cabo Delgado, no ha contribuido a mejorar la tensa relación entre ambos países.

Por el momento los refuerzos parecen estar cambiando el curso del conflicto y es una realidad que tropas altamente capacitadas han logrado más en unas pocas semanas que el ejército de Mozambique en cuatro años. La Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC) continúa enviando tropas a la zona, efectivos portugueses se encuentran sobre el terreno instruyendo a los soldados y la UE ha establecido una misión de entrenamiento.

Hasta ahora Mozambique no había sido capaz de contener el creciente conflicto dentro de sus fronteras. Durante el último año, los extremistas islamistas han tomado el control de gran parte de sus provincias del norte, arrebatando grandes ciudades a las fuerzas gubernamentales en varias ocasiones.

Mientras, sus vecinos se han vuelto cada vez más temerosos ante la posibilidad de que el conflicto se extienda a otras zonas de la región aprovechando los desplazamientos de población y la propagación de ideologías extremistas. Sin embargo, los países africanos no son los únicos preocupados. Francia también cuenta con intereses importantes en la región y la isla de Mayotte, situada al norte del canal de Mozambique, podría ser vulnerable al extremismo islamista. La petrolera francesa Total, cuya inversión supera los 20.000 millones de dólares en proyectos de gas natural en Mozambique, recientemente se ha visto obligada a restringir todas las operaciones sobre el terreno a raíz de los ataques de los insurgentes.

La actividad de la insurgencia también podría terminar por afectar negativamente a la seguridad marítima en el Canal de Mozambique y en el suroeste del Océano Índico en general. Después de todo, los insurgentes dependen del comercio marítimo de drogas y otras mercancías ilegales para su financiación, y es posible que se produzca un repunte en el tráfico marítimo ilegal desde Mozambique. Asimismo han participado activamente en la toma de puertos y existe la posibilidad de que sus actividades redunden en un incremento de la piratería en el canal de Mozambique, transitado anualmente por unos 5.000 petroleros y otros buques comerciales. Amenazas similares llevaron a las principales potencias a aumentar las patrullas navales internacionales en las aguas alrededor del Cuerno de África desde 2008.

Hacer frente a dichas amenazas marítimas requeriría de un elemento naval en la respuesta regional de la SADC, para ayudar a asegurar el Canal de Mozambique.  Teniendo en cuenta que Sudáfrica solo dispone de un puñado de barcos, cualquier bloqueo marítimo eficaz con objeto de cortar las fuentes de financiación de los insurgentes, podría acabar necesitando de una coalición naval internacional más amplia.  Francia y sus socios europeos, así como la Armada de la India serían los principales candidatos.

Otras potencias también podrían estar interesadas en establecer presencia militar en la zona. Rusia ya lo ha intentado, hasta el momento sin éxito, pero cabe la posibilidad de que China se involucre en el conflicto. Esto no sería descabellado a la vista de los antecedentes. En 2017 la piratería en aguas de Somalia llevó a Beijing a establecer su primera base naval en el extranjero, concretamente en Yibuti. Además, en las últimas semanas, China Merchant Holdings ha ranudado las negociaciones  en la vecina Tanzania. Todos ellos son indicios de que los intereses marítimos de China en el litoral de África Oriental continuarán expandiéndose.

Sin embargo, a la vista de la avalancha de tropas extranjeras, Mozambique comienza a parecerse de forma preocupante  a otras partes de África que ya han sido golpeadas por insurgencias islamistas con anterioridad. A pesar de las victorias, recuperar un puerto o expulsar a los yihadistas de las ciudades y de otras áreas estratégicas no se traduce en su derrota definitiva, es solo el primer peldaño de una larga y sinuosa escalera.

 


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.

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