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El futuro de la “Gran Bretaña Global” se decidirá en Asía-Pacífico

Borish Johnson, primer ministro británico, rubricaba este viernes el futuro “inmediato” del Reino Unido. La retirada británica se consumará el próximo 31 de enero, y a partir de entonces Gran Bretaña será “libre” para trazar su propio camino al margen de los designios de la Unión Europea.

Boris Johnson, primer ministro británico, firma el acuerdo de abandono de la Unión Europea/POOL

Para cumplir la promesa de erigir esa ansiada “Gran Bretaña global” probablemente asistiremos a una realineación histórica de los intereses británicos en materia de política exterior, y todo apunta a que el nuevo foco de interés estará puesto en la región del “Indo-Pacífico”.

Esta región acoge  la mayor parte de las grandes economías cuyo índice de crecimiento las ha situado en el centro del panorama económico, político y estratégico a nivel global. Además constituye uno de los principales espacios de competición geopolítica entre las mayores potencias económicas mundiales, como son EE.UU y Cina.  En el corto plazo no parece que este escenario vaya a ser sustituido por otra región capaz de atraer la atención de la mayoría de competidores internacionales.

En cualquier caso, el encaje inmediato de Gran Bretaña en el tablero de poder regional no queda claro por el momento. Reino Unido cuenta con dos poderosos aliados en la zona, Japón, con el que en 2017 firmó una Declaración conjunta de cooperación en materia de seguridad, y Australia.

Mapa que representa el antiguo Imperio Británico en toda su extensión/Britannica

Sin embargo, las aspiraciones británicas van un poco más allá de las alianzas tradicionales, y parece tener la vista puesta en otras potencias emergentes del sudeste asiático. Sin embargo, la empresa británica no está libre de obstáculos, teniendo en cuenta que muchos de esos países fueron en su momento parte del imperio colonial y deberá ser cuidadoso a la hora de mover ficha, con el fin de encontrar la mejor manera de sortear las por otra parte comprensibles reticencias históricas en estos lugares.

Libre de las “ataduras” de los otros veintisiete miembros,  Reino Unido sin duda forjará nuevos acuerdos comerciales con los países de la región, a partir de ahora bajo sus propios términos. No obstante, no debemos de perder de vista los “contras”, y especialmente en estos primeros pasos un Reino Unido recién emancipado también se verá ansioso por establecer nuevos compromisos comerciales, y previsiblemente esa “desesperación británica” será aprovechada por sus nuevos socios para forzarle a sacrificar por el camino objetivos y quién sabe si también valores.

Dominic Cummings entrando en Downing Street/AP

Recientemente, Dominic Cummings, al que algunos han bautizado como el “Maquiavelo del Brexit” y uno de los principales asesores del primer ministro británico, anticipaba una reorientación integral del Departamento de Defensa en materia de política exterior “como no se ha visto desde el año 1989”.

Fuentes británicas de seguridad internacional hacen hincapié en la difícil decisión que Gran Bretaña tiene por delante como consecuencia del rumbo que ha tomado. Deberá decidir cuál será su papel en el panorama de seguridad regional, bien como agente modelador o como mero gestor de la transformación que está experimentando la región.

Este viraje hacia las regiones de Asía y Pacífico no debe entenderse como territorio inexplorado por Reino Unido, que de hecho a día de hoy dispone de tropas desplegadas en Brunei y medios logísticos en Singapur; forma parte de la organización “Five Eyes” y los “Five Power Defense Arrangements (FPDA) suscritos por Malasia, Singapur, Australia y Nueva Zelanda.

El buque HMS Albion navega hacia un puerto en la ciudad de Ho Chi Minh (Vietnam)/ Royal Navy

En 2018 el Gobierno británico anticipaba la intención de establecer nuevos emplazamientos militares en Asía. Tal es el nexo británico con actores de la región, que no es raro ver a efectivos británicos participar en ejercicios militares con las fuerzas armadas de Malasia y Singapur. Ese mismo año pudimos ver al buque HMS Albion  participar en una operación para garantizar la libre navegación cerca de las Islas Paracel en el “Mar del sur de China”.

Exhibir músculo militar en la región no bastará para consolidar la posición británica en la zona. La clave, como suele ser habitual, está en los acuerdos comerciales, y  en estos momentos las transacciones con países asiáticos representan aproximadamente una quinta parte del comercio anual de Reino Unido. Sin embargo, negociar nuevos tratado de libre comercio (TLC) no va resultar tarea sencilla, y los expertos señalan que la opción de “copiar/pegar” de manera bilateral los que existen actualmente en el marco de la UE no será tan fácil como algunos predican.

Grafica que muestra el crecimiento de la economía china hasta 2019/Oficina Nacional de Estadística de China

Cualquier movimiento en la región tendrá que sortear el poder de una China en auge. De ahí que durante años, Reino Unido haya insistido tanto en la necesidad de que los países en la zona se atengan a la legislación internacional. Una alusión clara al expansionismo chino. Y en este punto Gran Bretaña tendrá que decidir, en caso de ser capaz, si rechaza a China o si por el contrario la abraza.

No es una decisión simple, teniendo en cuenta que Reino unido es uno de los mayores receptores de inversión china en Europa; en contrapartida China únicamente representa el 3,5 de sus exportaciones. De ahí que el beneficio que supondría establecer un tratado de libe comercio con el gigante asiático sea evidente desde el punto de vista británico. ¿Lo es para China?

La tendencia china a la hora de establecer tratados de libre comercio parece indicar lo contrario. Hasta el momento solamente se ha interesado en países con materias primas o tecnologías especializadas, y Reino Unido no tiene mucho que ofrecer en este sentido.

Huawei insiste en que no hay razón para que el Reino Unido bloquee su participación en el 5G/Skynews

Por último, no podemos ignorar el papel que juega otro de los grandes protagonistas, en este caso EE.UU; y las posibilidades de establecer un tratado de libre comercio con Washington tampoco están exentas de inconvenientes. Dichas trabas podrían tomar la forma de exigencias estadounidenses, como por ejemplo la que desde hace un tiempo el gobierno británico trata de eludir en relación con la ruptura de cualquier compromiso comercial con Huawei, en medio de la polémica por el supuesto peligro de espionaje asociado al 5G.

 

 


Analista de inteligencia. Especializado en análisis del entorno de la información y Defensa.

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