El poder nuclear que protege Europa

Históricamente el arsenal nuclear francés ha  permitido a nuestros vecinos del norte disponer de un poderoso elemento de disuasión que todavía consideran fundamental para garantizar su seguridad nacional y conservar su estatus de como gran potencia. Actualmente esta formado por aproximadamente 300 ojivas nucleares, número que se ha mantenido más o menos estable a lo largo de la última década.

RS-24 Yars (SS-27 Mod 2) ICBM/Vitaly V. Kuzmin

Las grandes cuestiones acerca del significado, la utilidad y el papel que juega ,a día de hoy, la disuasión nuclear en el contexto europeo están una vez más estar sobre la mesa. Distintas potencias nucleares, entre ellas Rusia, vuelven a realzar el papel de poder nuclear y su utilización en el campo de batalla. Volviendo a Rusia, hemos asistido a un rearme militar que ha primado la modernización de su arsenal nuclear, en gran medida para paliar la indiscutible inferioridad del armamento convencional ruso. Esto sumado al deterioro del panorama geopolítico internacional ofrece una panorámica a tener en cuenta.

A largo plazo, la estrategia de nuestros adversarios persigue la ruptura de la cooperación transatlántica en materia de seguridad y la quiebra del nexo que mantiene unida Europa bajo el paraguas de distintas organizaciones. Un mundo multipolar y la interdependencia cada vez mayor entre comercio y política a nivel internacional, hacen que los sucesos globales, aún los más lejanos, puedan tener un mayor impacto del que tradicionalmente solían.

Mapa que muestra la cifra aproximada del arsenal nuclear por países/statista

Esta situación complica considerablemente el contexto de la cooperación  multilateral, y mientras la proliferación nuclear continúa. La política de poder centrada en el estado como punto de referencia vuelve a estar en el candelero  y las nuevas potencias con armamento nuclear se han volcado en engrosar agresivamente sus arsenales. En este sentido los cálculos nucleares se han visto trastocados por la entrada en escena de países como Corea del Norte, India o Pakistán, y no son pocas las potencias tradicionales que han comenzado a revisar sus números.

En este entorno complejo y de creciente inseguridad, países como Francia debaten el curso de su política actual en materia de disuasión nuclear, al tiempo que estudian los modos de conservar, cuando no ampliar, sus capacidades nucleares en el futuro.

Prueba nuclear francesa (Polinesia)/pnnd

Francia fue la cuarta potencia en pasar a formar parte del denominado “Club Nuclear”, al que también pertenecen EE.UU, Rusia, Reino Unido y China. Durante la Guerra Fria Francia apoyó su política de defensa nuclear sobre tres patas: misiles terrestres, bombarderos nucleares y submarinos con misiles balísticos. Existen numerosos factores que han influido en el pensamiento francés en materia de armamento nuclear y el papel que debe jugar en la defensa de Francia y la propia Europa.

Tendremos que remontarnos a la década de los 50 para conocer con detalle los inicios del programa nuclear francés, a la sombra de la Guerra Fría y en un momento de gran competencia entre las potencias democráticas y las del eje oriental. Con una OTAN todavía en pañales y coincidiendo con el veloz desarrollo técnico que experimentó el armamento nuclear en aquellos momentos, nadie estaba seguro de cómo afectaría esto a las relaciones internacionales. Mientras, crecía el poder y el alcance de dichas armas.

Hasta entoncs Francia había dependido del poder disuasorio norteamericano. Sin embargo, la ausencia de apoyo estadounidense en los conflictos coloniales sucesivos a los que Francia hubo de hacer frente en los años siguientes, dejaron claro que en materia de intereses nacionales clave, no contarían con la disuasión americana. Francia llegó entonces a la conclusión de que la única opción pasaría por tomar sus propias medidas, fundamentalmente centradas en el impulso de un programa nuclear independiente.

Efectos de la primera prueba nuclear francesa en 1960 (Argelia)/AFP

Uno de los primeros obstáculos a los que tuvo que hacer frente fue a la ausencia de ayuda norteamericana. Al contrario de lo que sucediera con Reino Unido, EE.UU optó por negar el apoyo a Francia en esta empresa. A pesar de todo, científicos franceses habían participado en el proyecto Manhattan y en 1958 se firmó la orden para una primera prueba nuclear.

A la desconfianza hacia EE.UU, se sumaba una sospecha sobre el verdadero grado de vulnerabilidad nuclear intercontinental europeo en caso de que estallara el conflicto latente entre Rusia y Norteamérica. En palabras de Kissinger, EE.UU siempre albergó la (secreta) esperanza de que la guerra nuclear tendría como único escenario el teatro europeo. Esperanza similar, pero en sentido contrario, albergaban los líderes europeos al pensar que el intercambio nuclear dejaría a Europa al margen. Unas palabras atribuidas presuntamente a De Gaulle parecen corroborar esta idea cuando supuestamente afirmó que, “en un momento de peligro…un presidente norteamericano correría el riesgo inmediato de destruir Nueva York o Chicago con tal de salvar Hamburgo o Copenhague”.

Entre la década de los 60 y los 70, Francia desarrolló su primera generación de armamento nuclear. Fueron los tiempos del Mirage IV, armado con bombas de gravedad nuclear de alto rendimiento y del Moyenne Portée aire-tierra (ASMP); silos que albergaban misiles balísticos S2 tierra-tierra con un alcance aproximado de 3.000 km; la denominada Force Océanique Stratégique y el primero de los submarinos nucleares (SSBN) clase “Le Redoutable”. Después vendrían el misil S3 y la ojiva termonuclear de alto rendimiento; el Mirage 2000N; el primer avión operativo con capacidad para transportar la bomba estratégica y el misil ASMP; al mismo tiempo la industria de defensa francesa trabajaba en el desarrollo de un misil balístico  apto para el lanzamiento desde un submarino. El resultado fue el M1 MSBS, o Mer-Sol Balistique Stratégique (misil balístico estratégico mar-tierra). Un misil cargado con una ojiva de 500 kilotones y con alcance suficiente para tocar Moscú disparando desde el Golfo de Vizcaya.

Submarino Nuclear de Ataque «Terrible»/Ministerio de Defensa francés

A pesar de los esfuerzos por mantener una política nuclear de defensa aislacionista en la que Francia pretendía ser vista como un santuario cuyo poder de disuasión nuclear se limitaba a lo nacional. A efectos prácticos, esa separación estratégica no resultó y la defensa de Francia finalmente quedaría inseparablemente vinculada a la defensa europea. El concepto de disuasión nuclear territorial se vio extendido, abarcando el resto de Europa occidental. Sin embargo, este hecho no impidió que las relaciones de Francia con la OTAN en años sucesivos continuaran siendo sinuosas a tenor de las divergencias respecto a la visión estratégica norteamericana.

A partir de la década de los 90 Francia redujo significativamente su arsenal nuclear, que en su momento contaba con aproximadamente 540 ojivas y que se vio reducido a aproximadamente 300 en 2010. Múltiples sistemas de armas fueron desmantelados a tenor de la mejor situación de seguridad a nivel global y regional.

Submarino Nuclear de Ataque «Suffren»/Ministerio de Defensa francés

En la actualidad el pilar fundamental de la disuasión nuclear francesa descansa en el mar, con 5 submarinos nucleares, de construcción y diseño propios. Los clase “Triomphant” construidos entre 1986 y 2010 son: el Triomphant( finalizado en 1997); el Téméraire (1999); el Vigilant (2004); el Terrible (2010); y el Suffren (2019). Esta generación de submarinos incorporan el miso reactor nuclear (K-15) que el portaaviones Charles de Gaulle y originalmente incorporaban misiles de alcance intermedio M45 (con seis ojivas de 150 kilotones), con un alcance apoximado de 6.000 km. El Terrible fue el primero en ser equipado con el M51; con el mismo número de ojivas, pero cada una capaz de realizar maniobras independientes durante el descenso final y con un alcance de 8.000 km aproximadamente. En cuanto al Suffren, se trata de una maquina más grande, rapida, potente y silenciosa que sus predecesores.

A la vista del resurgimiento del poder militar ruso y especialmente en razón de la voluntad manifiesta a la hora de emplearlo contra sus adversarios en caso de conflicto, la realidad es que Francia todavía no está preparada para renunciar a su poder nuclear y se encuentra inmersa en la modernización de sus capacidades. La posición francesa en este asunto se revisa y reajusta de manera periódica atendiendo al contexto global en el que nos movemos, las amenazas dominantes y la dinámica de alianzas del momento. Sin embargo, debemos tener presente que la capacidad nuclear francesa no está diseñada para ganar una hipotética guerra nuclear y según los expertos únicamente bastaría para “no perderla”.


Analista de inteligencia. Especializado en análisis del entorno de la información y Defensa.

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