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La elección de Raisi en Irán planta cara a occidente

Las fuerzas estadounidenses emplazadas al este de Siria han sido el objetivo de ataques con cohetes por parte de milicias respaldadas por Irán. Los ataques se han producido apenas un día después de que el presidente Joe Biden ordenara la respuesta aérea contra instalaciones utilizadas por estos grupos en Siria e Iraq.

Este incidente, constituye uno más de los múltiples episodios que han contribuido a escalar las tensiones entre Washington y Teherán desde hace semanas, a los que hay que sumar la inquietud en torno a los resultados electorales de las recientes elecciones en Irán.

En un comunicado el portavoz de la Operación Inherent Resolve de apoyo a Iraq en la lucha contra el DAESH, coronel Wayne Marotto, informó de ataques múltiples contra las posiciones estadounidenses en Siria y de cómo las fuerzas norteamericanas respondieron con fuego de artillería sobre los puntos de origen de los proyectiles.

No se han reportado heridos en las filas de EE.UU y las autoridades están evaluando los daños del ataque, que ocurrió alrededor de las 7:44 pm hora local. Hay que tener en cuenta que casi 1.000 soldados estadounidenses permanecen todavía en territorio sirio para evitar un resurgimiento del DAESH. Sin embargo, la administración Biden está sopesando estas cifras como parte de su revisión de su política militar global, actualmente en curso.

A la actividad de las milicias respaldadas por Irán se suman unos resultados electorales en Irán que no han contribuido a calmar las aguas, especialmente a la vista de la elección de Raisi, una figura religiosa de la línea dura y responsable de la ejecución masiva de disidentes, como nuevo presidente de la República Islámica. Esta colección de eventos ha sido vista por la administración entrante como recordatorio acerca de la naturaleza del régimen iraní, la amenaza que representa y la necesidad de mantener una presencia permanente en Oriente Medio.

En el currículum revolucionario de Raisi destaca su participación en una comisión que supervisó la ejecución de aproximadamente 5.000 presos políticos a finales de la década de 1980. Sin embargo, durante su primera rueda de prensa tras conocerse los resultados electorales, al ser preguntado sobre su papel en las ejecuciones respondió: “siempre he sido un firme defensor de los derechos de las personas […] Los derechos humanos han sido un punto fundamental para mí».

Para hacerse una idea de las profundas implicaciones que tiene estos resultados hay que tener presentes las limitaciones que configuran el espectro político en el país. Durante el último proceso electoral, 592 candidatos se registraron pero solamente siete fueron “aprobados” para presentarse finalmente a las elecciones.  El denominado Consejo de Guardianes, leal al ayatolá Jamenei, es el órgano encargado de examinar a los candidatos para cargos públicos y darles el visto bueno. Por lo tanto no es de extrañar que, especialmente dada su edad (82 años), el líder religioso haya recibido con júbilo los resultados que refuerzan el dominio de la línea dura en el seno de las instituciones nacionales y la aparente inviolabilidad del rumbo revolucionario incluso tras su muerte.

Raisi también utilizó su primera comparecencia para dejar en clara su postura en materia de política exterior, plenamente coincidente con la trayectoria fijada por Jamenei, asegurando que el programa de misiles balísticos que Irán desarrolla en la actualidad y el apoyo a los grupos regionales de poder (milicias/grupos terroristas)  «no son negociables».

Las palabras de Raisi son un testimonio relevante no porque representen un punto de vista independiente. Lo son precisamente porque ponen de manifiesto el estancamiento de la política iraní, que en última instancia continúa sometida al líder supremo de Irán.

A pesar de ello la nueva administración norteamericana parece decidida a volver a entrar al acuerdo nuclear de 2015, lo que para algunos analistas no deja de ser una “vía paciente” hacia la capacidad armamentística nuclear. Lo cierto es que el acuerdo nuclear iraní redujo la presión internacional sobre el programa de misiles balísticos de Irán y sobre la adquisición y proliferación de armas de Teherán, proporcionándole un balón de oxigeno con el que apoyar ambos esfuerzos.

En un intento por mitigar las alarmas el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, trató de defender que los problemas relacionados con los misiles y el terrorismo se abordarían a través de una «diplomacia de seguimiento». Sin embargo, cualquier creencia por parte de la administración Biden de que será posible obtener concesiones de Irán acerca de misiles o terrorismo una vez reinstaurado el acuerdo, es en el mejor de los casos pecar de ingenuidad según los expertos.

Una vez que Irán estabilice sus relaciones con EE.UU mediante el acuerdo y logre el alivio que supondrá el levantamiento de las sanciones, el régimen tendrá si cabe menos incentivos para negociar en relación con las cuestiones que desvelan a los poderes regionales.

Este es un problema grave para los EE.UU pero también para sus vecinos árabes  y para Israel. Después de todo, la República Islámica ya posee el arsenal de misiles balísticos más grande de Oriente Medio y ha estado trabajando sin descanso para mejorar la precisión, letalidad y el alcance de sus misiles. Dicho arsenal no es solamente objeto de exposición. Irán ha demostrado una creciente predisposición a la hora de utilizar sus misiles balísticos y de crucero, así como drones para llevar a cabo ataques, al tiempo que dota con algunas de esas capacidades a sus representantes terroristas en toda la región.

Los esfuerzos de proliferación iraníes también incluyen una campaña de apoyo a Hezbollah, el representante terrorista de Irán en el Líbano. Desde Teherán ven en Hezbollah el medio para disuadir y castigar cualquier esfuerzo de Israel para llevar a cabo un ataque importante contra el programa nuclear de la República Islámica. Del mismo modo Teherán jugó un papel vital a la hora de pertrechar a Hamas y la Jihad Islámica Palestina (PIJ) en Gaza con cohetes y otras capacidades. El mes pasado, estos grupos emplearon dichas capacidades en Gaza con el lanzamiento de aproximadamente 4.300 cohetes contra territorio israelí.

Tal y como estamos comprobado, a raíz de los incidentes que se ha producido en días previos, la proliferación de armas iraní se extiende también a Iraq. A la vista de las declaraciones de Raisi acerca de las milicias, es previsible que la política de Irán cambie poco en lo que respecta a Iraq, donde el objetivo principal continúa siendo expulsar a EE.UU y ocupar los espacios de poder con su red de milicias sufragadas.

Teniendo en cuenta el historial de la República Islámica en el curso de las últimas cuatro décadas, la sugerencia de que podríamos apreciar un cambio drástico en el modus operandi de Irán, incluyendo la hostilidad instintiva hacia Estados Unidos y el respaldo sistemático al terrorismo, resulta cuento menos dudosa.

 


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.

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