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Las dinámicas locales marcarán el futuro de Siria tras la muerte de al-Bagdadi

La confirmación de la muerte de Abu Bakr al-Bagdadi, líder del Estado Islámico (EI), ha suscitado una serie de incognitas sobre el futuro de la organización terrotista y las consecuencias más probables que vendrán a continuación. Tras la fanfarria mediática surgen los interrogantes y antes que nada resulta fundamental subrayar que este reciente éxtio no simboliza el fin del Estado Islámico.

 

El futuro de la organizacion terrorista, al menos en el horizonte inmediato, depende de en mayor medida de la dinamica local siria, que de la subsitencia de una única figura, por mucho que esta constituyese una poderosa herramienta en su plan de establecer el califato universal, dificilmente viable sin un califa.

 

Pese a la derrota militar sufrida por el Estado Islámico en Siria e Irak, Abu Bakr al-Bagdadi se alzaba como una figura representativa entre sus simpatizantes, que veían en él la esperanza de restablecer el califato. Mientras que las capacidades militares de la organizaciones se vieron mermadas de forma significativa, la actividad de la organizacion seguia viva. La red de celulas durmientes cotinuaron con los ataques al noreste del pais poniendo la diana en objetivos civiles, y en la alrededores de Palmira persistían los ataques esporadicos contra las fuerzas sirias y objetivos rusos.

 

El EI ha tratado de sacar provecho a la invasión turca explotando la disminucion de la presencia de las Fuerzas Democráticas Sirias que se han visto movilizadas hacia otros frentes. Sin embargo la actividad del EI en la región, especialmente en las proximidades de Deir al-Zour y mayormente en forma de IEDS (artefactos explosivos improvidados), no se ha traducido en un intento directo de retomar territorios, en gran medida debido a la presencia de la coalicion internacional que protege los yacimientos petroliferos en la región.

 

En la misma linea, existe un alta probabilidad de que el EI trate de sacar provecho a la muerte de al-Bagdadi, utilizandola como reclamo entre sus partidarios en un llamamiento a la venganza contra occidente. Algunas voces ponen en duda la efectividad de dicho llamamiento y aducen que los días en que los soldados del califato luchaban hasta el último aliento han quedado atras; para ello han empleado como ejemplo el caso de Abu Ayman al-Iraqi, lider del EI en Siria, abandonado por la mayoria de sus hombres y al cual solo acomparaban en primera linea seis de sus combatientes antes de ser abatido.

 

La cuestión de si ahora se abre o no un proceso de sucesion dentro de las filas del EI, a pesar de resultar enormemente significativa, queda en un segundo plano al elevar la vista hacia el noroeste y el noreste del país. Se abre ahora una oportunidad para otros grupos insurgentes (como puedan ser Hurras al-Din o Hayat Tahrir al-Sham) que deben haber visto la desaparicion de al-Bagdadi con buenos ojos, especialmente de cara a sus esfuerzos por erigir una administracion propia en la zona; sin embargo, existe una resistencia popular generalizada que dificultara la implantacion de una “nueva capital“ del terrorismo en la región.

 

El ejército sirio se expande al noreste, sin embargo su capacidad es limitada, en gran medida debido a la escasez de soldados y equipo, además de por tener que hacer frente a las luchas internas al sur del país y a la campaña que preparan a noroeste (Idlib). El control corresponde a los combatientes kurdos y mientras persista la colaiccion internacional contra el Daesh, no parece probable que el EI ponga sus ojos en la región.

 

De modo que la muerte de al-Bagdadi es vista por muchos como un éxito más simbólico que tangible y ponen en primer plano las tensiones locales como el principal combustible que puede alimentar el reasurgir del EI.

 

 

¿Quién era Abu Bakr al-Baghdadi?

 

Tras finalizar la escuela en la década de los 90, Bagdadi se trasladó a Bagdad, y presumiblemente fue allí donde tomó contacto con la corriente salafista y el yihadismo. La información que ha trascendido en torno al personaje lo describe como un hombre reservado y tranquilo, a excepcion de aquellos momentos en que impartía sus lecciones de recitación coránica o cuando jugaba al futbol con otros miembros de la mezquita que frecuentaba por aquel entonces, ubicada en el distrito de Tobchi.

 

Después de la invasión estadounidense que acabó con el mandato de Saddam Hussein (2003), Bagdadi participo en la fundacion de Jammat Jaysh Ahl al-Sunnah wa-l-Jamaah, un grupo inrsurgente islamista responsable de múltiples ataques contra las tropas norteamericanas y sus aliados.

 

En 2004 fue apresado en Falluja y llevado al centro de detencion de Camp Bucca (también conocido como “la Universidad“ de los futuros líderes del EI) donde presumiblemente amplio su red contactos. Sin embargo, fue considerado como una amenaza de bajo nivel y fue liberado tras diez meses de cautiverio.

 

Durante su estancia en Camp Bucca pudo tomar contacto con la recien creada Al Qaeda en Irak (AQI). El resultado final fue la adhesión de al-Bagdadi y su grupo a las filas de AQI a través del denominado Consejo Mujahideen Shura. Tras la muerte de al-Zarqawi y bajo el nuevo nombre de Estado Islámico de Irak, al-Bagdadi sucedió a Abu Umar al-Bagdadi al frente de la organización y con la ayuda antiguos militares y oficiales de la inteligencia de Saddam reflotó una organizacion que a ojos estadounidenses parecia acabada y bajo su sombra nacería el hoy conocemos como Estado Islámico de Irak y Levante.

 


Analista de inteligencia. Especializado en análisis del entorno de la información y Defensa.

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