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Los desafíos de seguridad pondrán a prueba al nuevo gobierno en Israel

Los miembros de la nueva ejecutiva israelí encabezada por Naftali Bennett, se han referido a la coalición victoriosa como un «gobierno de cambio». La gran pregunta ahora es si ese cambio afectará también, y cómo, a la política exterior y de defensa de Israel.

Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los miembros del gabinete de seguridad de Bennett han formado parte de la administración de Netanyahu en un momento u otro a lo largo de los 12 años que ha durado su mandato, y han respaldado las políticas del primer ministro saliente: el propio Bennett fue ministro de defensa de Netanyahu; Avigdor Lieberman fue ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa; Yair Lapid fue ministro de Finanzas; y Benny Gantz fue ministro de Defensa, y antes de eso, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

El que se ha erigido como el gobierno número 36 de Israel, es visto como una alianza frágil cuyo mandato, en principio, debería durar hasta 2025. Sin embargo, es precisamente la heterogeneidad que lo define la que lo convierte en más vulnerable a la hora de enfrentar los principales desafíos que marcan la agenda israelí de política y seguridad. Con nueve partidos que abarcan la totalidad de extremos ideológicos, desde Yamina y New Hope en la derecha hasta Labor y Meretz en la izquierda, existen demasiadas promesas electorales en el horizonte.

La supervivencia de la nueva administración, dependerá en gran medida de la forma en que lidie con las cuestiones centrales que encabezaban los programas de los diferentes partidos que forman la coalición: desde derechos de la comunidad LGBT hasta cuestiones diplomáticas. En este contexto, la administración entrante se enfrenta a una serie de desafíos fundamentales.

Israel finalizó recientemente la Operación Guardián de las Murallas y la situación todavía es muy tensa, especialmente en las ciudades con mayor índice de población mixta judeo-árabe, con amenazas recurrentes por parte de Hamás y las perspectivas más que probables de una nueva escalada en caso de cualquier acontecimiento altere la vigilante calma en Jerusalén. Con Ra’am y Meretz formando parte de la coalición, el primer ministro Bennett tendrá que encontrar una solución que evite una nueva ola de disturbios, desafiando así a sus socios de izquierdas, a pesar de contar con el respaldo del sector integrado por Avigdor Liberman, Gideon Sa’ar y Benny Gantz.

A la vista de los altercados que tuvieron lugar durante la última operación de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) el nuevo primer ministro declaró que no formaría parte de la coalición que estaba formando Yair Lapid. Declaraciones de intenciones que podrían quedar en nada ahora que Bennet encabeza un gobierno en el que el partido árabe Ra’am tiene un peso específico y a tener en cuenta.

Los principales reclamos de Meretz, Yisrael Beitenu y los laboristas en la última campaña electoral fueron de carácter social: imposición del plan de estudios básico en las escuelas haredi (judías ultraortodoxas); promoción de los derechos de la comunidad LGBT; mejoras del transporte público y del tejido comercial. Programa que choca directamente con la idiosincrasia del partido islamista Ra’am, el cual no apoyará tales políticas sociales. Por lo tanto, una de las claves pasa por saber hasta qué punto los partidos del cambio soportaran obstrucción continua en lo que respecta a estas cuestiones.

Con una coalición mucho más homogénea, 61 parlamentarios en 2015, a Netanyahu le resultó muy difícil gobernar e impulsar la política nacional. La coalición Bennett-Lapid cuenta con 60 partidarios en una Knesset (Parlamento del Estado de Israel) de 120 escaños. A la hora de impulsar cualquier legislación o presupuesto el gobierno tendrá que alcanzar un mínimo de 61 votos favorables. En este sentido, la aprobación de los presupuestos para el periodo 2021-2022, en un plazo de 140 días, constituye la primera prueba de fuego: recortes/impuestos y sectores de la población sobre los que recaerán; presiones y cesiones de los diferentes partidos; asuntos que quedarán fuera de los presupuestos, etc.

Por lo tanto, a la vista de todo lo anterior, no se espera que el nuevo gobierno fomente cambios significativos en cuestiones espinosas y en particular en lo que respecta al conflicto palestino-israelí, especialmente tratándose de una coalición en la que participa la totalidad del espectro político.

Tampoco parece probable que la nueva ejecutiva introduzca cambios significativos en la política de seguridad a la hora de defender sus fronteras. Esto daría continuidad a los ataques aéreos israelíes con el objetivo de evitar la concentración de fuerzas por parte de Irán y Hezbollah en suelo Sirio, así como el desarrollo de armamento avanzado de precisión para la milicia chií libanesa.

En los últimos meses se ha producido una escalada en los enfrentamientos marítimos entre Israel e Irán. La principal causa: el incesante esfuerzo iraní a la hora de financiar a Hezbollah, en este caso mediante el contrabando de petróleo. Se trata de un guion que resulta bastante familiar y en el que Irán trataría de hacerse fuerte cerca de las fronteras con Israel, mientras Israel intenta evitarlo.

Sin embargo, el nuevo gobierno podría perseguir algunos cambios que lo diferencien de la hoja de ruta de Netanyahu, apartándose del itinerario al que estábamos acostumbrados en algunas áreas, por ejemplo: adoptando un nuevo enfoque a la hora de abordar las relaciones con la Autoridad Palestina. Una posibilidad pasaría por alterar el equilibrio de poder entre Hamás y la Autoridad Palestina, interrumpiendo el flujo de fondos con los que Qatar financia al grupo terrorista.

A falta de unas pocas horas para que se celebre el controvertido “desfile de banderas” de índole nacionalista y que atravesaría sectores tradicionalmente árabes de la ciudad de Jerusalén, el nuevo gobierno se enfrenta a la que podría ser su primera decisión polémica. El evento se realiza anualmente en Yom Yerushalaim, el Día de Jerusalén, fecha en la que se conmemora la reunificación de la ciudad lograda por Israel durante la guerra de los Seis Días de 1967. La pelota está ahora en el campo del nuevo primer ministro, quien tendrá que tomar una decisión autorizando o prohibiendo la concentración. Funcionarios de seguridad advirtieron que el desfile podría desencadenar una nueva ola de violencia, incluyendo nuevos ataques con cohetes por parte de Hamás.

 


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.

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