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«Slaughterbots», enjambres de drones asesinos amen...

«Slaughterbots», enjambres de drones asesinos amenazan la seguridad

Imaginemos un futuro no muy lejano en el que enjambres de drones autónomos patrullasen nuestras calles proporcionándonos protección, realizando reparaciones, repartiendo nuestros paquetes, etc. Las posibilidades que ofrecería contar con este tipo de tecnología al servicio del bienestar y la seguridad serían infinitas. Sin embargo, imaginemos ahora que esa tecnología cayera en las manos equivocadas y los mismos aparatos que hasta entonces nos brindaban protección se volvieran contra nosotros.

Enjambres de drones asesinos sembrando el caos por la ciudad, aparatos armados con pequeñas cargas explosivas capaces de acabar con la vida de una persona al impactar contra su objetivo. Más o menos esta es la premisa central del cortometraje “Slaughterbots”, un futuro en el que la industria de defensa ha sido capaz de desarrollar microdrones autónomos que rápidamente caen en manos de grupos terroristas. Es fácil hacerse una idea de lo que ocurriría a continuación.

Esta ficción salió a la luz en 2017 como parte de una campaña que advertía sobre los peligros de la inteligencia artificial. La iniciativa formaba parte de un proyecto conjunto entre el profesor Stuart Russell de la Universidad  de California en Berkeley y el Future of Life Institute, con el objetivo de advertir al mundo sobre las consecuencias que podría acarrear el continuar dando pasos en esa dirección.

En una de las secuencias se llega a afirmar que una inversión de 25 millones de dólares en drones bastaría para acabar con la mitad de una ciudad. Por el momento se trata solo de eso, una ficción. Sin embargo, como casi toda ficción, en todo esto hay una pizca de realidad y hemos visto como el Estado Islámico ha empleado “drones” comerciales cargados con explosivos para atacar a las tropas iraquíes, hiriendo e incluso cobrándose la vida de soldados con este tipo de atentados. Hasta el momento, estos ataques no se han perpetrado de forma plenamente autónoma, sino que han sido controlados de forma remota por los atacantes.

No obstante, la tecnología suele ir por delante de la seguridad y los nuevos modelos cada vez gozan de más autonomía. Hablamos de aparatos capaces de navegar por si mismos hasta un objetivo, evitando obstáculos o rastreando objetos en movimiento. Pensemos en uno de estos pequeños aparatos equipado con tecnología de reconocimiento facial, capaz de localizar y neutralizar a un objetivo específico.

Todas las piezas de las que bebe esta ficción existen en mayor o menor medida, pero todavía no se han encajado al nivel que describe el cortometraje. Solo hay que bucear un poco en internet para dar con los recursos necesarios que permitirían a esas redes neuronales artificiales realizar reconocimientos faciales. Sin embargo, no todo puede ser tan “sencillo”.

Lo cierto es que son muchos los países cuyas industrias de defensa están invirtiendo en el desarrollo o la adquisición de este tipo de tecnologías que pueden ofrecer una amplia gama de funciones tremendamente valiosas en el ámbito militar, desde la recopilación de información a la supresión de las defensas aéreas del adversario. EE. UU, Rusia, China, Corea del Sur e incluso Reino Unido tienen la vista puesta en estos enjambres.

Torreta SGR-A1 desarrollada por Corea del Sur/AFP

Algo parecido ocurre con el armamento autónomo. Actualmente se están desarrollando principalmente medidas defensivas estacionarias, como la torreta SGR-A1 o el sistema de armamento de proximidad Phalanx CIWS. La combinación de estas tecnologías se aproximaría bastante a esos “Slaughterbots” que aparecen en el vídeo.

No es extraño que existan voces que ya los hayan calificado como las “nuevas armas de destrucción masiva”. Según investigaciones del Centro de Estudios de Disuasión Estratégica de la Fuerza Aérea de EE.UU, estas tecnologías superarían “la mayoría de umbrales en lo que se refiere a víctimas en masa” y por el momento serían “inherentemente incapaces de distinguir entre objetivos civiles y militares”.

Sistema de armamento de proximidad Phalanx desarrollado por EE.UU/General Dynamics

Sin embargo, incluir a estos enjambres en la categoría de armas de destrucción masiva llevaría consigo importantes implicaciones a muchos niveles y no es una tarea fácil. A nivel conceptual, a pesar las similitudes de pudieran compartir con las armas de destrucción masiva convencionales, también existen evidentes diferencias que haría muy difícil su integración en esta categoría.

El marco legal sería otro obstáculo, teniendo en cuenta que las armas de destrucción masiva tradicionales están sujetas a importantes restricciones y prohibiciones existen organizaciones, que existen multitud de organizaciones y programas que luchan contra su proliferación, etc. De modo que inmediatamente se estaría bloqueando su desarrollo tecnológico en muchos países.

Por otra parte clasificar esta tecnología como arma de destrucción masiva llevaría aparejadas importantes implicaciones relacionadas con la opinión pública. Una clasificación que no resultaría para nada sencilla teniendo en cuenta que solamente en EE.UU el gobierno utiliza alrededor de veinte definiciones diferentes.

Los que abogan por considerarlos armas de destrucción masiva utilizan principalmente dos argumentos: el daño potencial que son capaces de causar y la incapacidad para discriminar entre objetivos civiles y militares. En primer lugar, mientras que el tamaño y el impacto de las armas convencionales tienen unos límites en mayor o menor medida definidos, en el caso de los enjambres ni si quiera estamos en posición de imaginar donde fijar esas limitaciones.

A día de hoy el Centro para el Estudio del Dron en el Bard College ha identificado 95 países y 171 modelos distintos de drones. Además, hablamos de una tecnología lo suficientemente rudimentaria como para poder adquirir drones básicos en Amazon e incluso fabricarlos con impresoras 3D. El siguiente paso sería convertir esos drones en un enjambre utilizando el software y el hardware que permitiese a los aparatos compartir información y tomar decisiones (este punto se vuelve algo más complejo).

Cada día que pasa crece la capacidad tecnológica que hace posible controlar un número cada vez mayor de drones. En 2016 solo podíamos mover 100 aparatos de forma simultánea; 300 en 2017; 1.218 y 2018 el año siguiente. Coloca un explosivo en cada aparato y tendrás 2.018 bombas voladoras.

Pero no todo está perdido. A medida que se desarrollan estas tecnologías también lo hacen los sistemas que eventualmente nos protegerían contra ellas. Redes físicas o invisibles, burbujas que detectarían o neutralizarían cualquier aparato enemigo que atravesase los límites fijados, armas capaces de abatir a estos pájaros metálicos a grandes distancias, etc.

En cuanto al grado de autonomía y la capacidad para distinguir entre objetivos se trata de una de las mayores barreras a superar. Un ser humano podría ser capaz, en la mayoría de los casos, de diferenciar un objetivo legítimo teniendo en cuenta si está armado, herido o si sus intenciones son discernibles por el comportamiento, de manera que estaría en posición de determinar la validez o los cambios imprevistos que pudieran darse. Por ejemplo el supuesto de un terrorista herido, pero armado, que todavía podría causar bajas. Distinguir uniformes, amigos de enemigos, militares y civiles constituye uno de los mayores desafíos en este ámbito.

A pesar de que por el momento dichos niveles de sofisticación están fuera de nuestro alcance, no debemos perder de vista este tipo de tecnologías y convendría anticiparse a la hora de tomar las medidas frente a una problemática a la que tarde o temprano nos enfrentaremos. Teniendo en cuenta su alto nivel de peligrosidad, sería deseable que esta fuera una de esas contadas ocasiones en las que la legislación internacional, y las medidas de prevención, fueran un paso por delante de las desastrosas consecuencias que en este caso acarrearía no estar preparados.


Analista de inteligencia. Especializado en análisis del entorno de la información y Defensa.

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