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Surgen los primeros focos de resistencia contra los talibanes

Grupos de afganos armados atacaron a los talibanes el viernes, expulsando a los nuevos gobernantes de Afganistán de tres distritos al norte del país. Se trata de la primera ofensiva contra los militantes islamistas desde que irrumpieron en Kabul la semana pasada y se hicieron con el control del gobierno.

Los comandantes locales anti-talibanes afirman haber acabado con la vida de 30 de los combatientes del grupo y capturado a al menos otra veintena durante la recuperación de los distritos en la provincia de Baghlan, a poco más de 160 kilómetros al norte de la capital. Según los testimonios de algunos civiles, ex miembros de las fuerzas de seguridad afganas se unieron a la lucha para expulsar a los talibanes. Las imágenes compartidas en a través de redes sociales muestran la celebración de estas primeras victorias y la bandera nacional afgana ondeando sobre los edificios gubernamentales.

«Hemos encendido la mecha de algo histórico en Afganistán», declaró Sediqullah Shuja, de 28 años, ex soldado afgano que participó en el levantamiento del viernes. «Los combatientes talibanes tenían vehículos blindados, pero la gente arrojó piedras a los talibanes y los expulsó […] Mientras estemos vivos no aceptaremos el gobierno de los talibanes».

El ataque del viernes es la primera y más reciente señal de desafío frente al dominio talibán.  A la resistencia se han sumado afganos que se niegan a enarbolar la bandera blanca de los talibanes y también numerosas mujeres que protestan para preservar sus derechos. Sin embargo, todavía está por ver si el ataque del viernes es la primera señal de un nuevo frente militar emergente contra los talibanes o un mero acto de resistencia aislado.

Es importante tener presente que los talibanes de 2021 son militarmente muy superiores a su anterior encarnación durante los años 1996 a 2001, cuando fueron derrocados tras la invasión liderada por EE.UU. En solo 10 días, los talibanes se hicieron con el control de todas las capitales provinciales de la nación, todo ello a pesar de que el gobierno afgano contaba con un ejército equipado y financiado por EE.UU, una fuerza aérea a su disposición y unidades de operaciones especiales. Los talibanes lograron apoderarse de los arsenales de las fuerzas armadas y la policía afganas, incluyendo el armamento y los vehículos blindados de fabricación estadounidense.

Los portavoces del grupo islamista no se han apresurado a comentar los episodios del pasado viernes en Baghlan. Sin embargo, en una cuenta pro-talibán de la red social Twitter publicaban que los enfrentamientos se habrían saldado con la muerte de 15 talibanes y otros tantos heridos. En el mismo tuit se aseguraba que los talibanes supuestamente habrían sido traicionados por los lugareños después de ofrecerles amnistía. “Todos los que cometieron este crimen deben ser asesinados. Las puertas de la conversación están cerradas” sentenciaba el tuit.

El asalto del viernes para retomar los tres distritos de Puli Hisar, Dih Salah y Bano, que fue confirmado por el ex ministro de Defensa, se produjo después de que combatientes talibanes realizaran registros casa por casa en el valle de Andarab, según han informado los comandantes locales. Como ha sucedido en la mayor parte de Afganistán, los talibanes se habían apoderado de los distritos con escasa resistencia en el curso de las últimas semanas.

Al parecer los residentes locales habrían aceptado el gobierno de los talibanes con la condición de que estos no irrumpieran en sus aldeas y hogares. El detonante del levantamiento se habría producido cuando integrantes del grupo comenzaron a realizar registros, provocando que ex militares afganos y los propios civiles iniciasen la revuelta que acabaría con la expulsión de los talibanes en menos de un día.

«Los combatientes del Talibán no nos escucharon», aseguró Shuja, quien abandonó su puesto en la provincia de Helmand cuando escuchó que las unidades militares se estaban rindiendo en masa a los talibanes. “Vinieron a nuestras casas y acosaron a la gente. En nuestros pueblos, la gente es muy tradicional y musulmana. No hay ninguna razón para que los talibanes vengan y nos enseñen sobre el Islam».

Abdul Rahman, ex comandante de la prisión de Baghlan, dijo que movilizó a cientos de fuerzas locales y expulsó a los talibanes. Rahman también informó de que el levantamiento se zanjó con 30 combatientes talibanes muertos y 20 bajo custodia, afirmaciones que hasta el momento no han podido ser verificadas de forma independiente. «Toda la gente del valle se ha levantado contra los talibanes […] No le tenemos miedo a los combatientes talibanes. Podemos contra todos los que vengan».

Bismillah Khan Mohammadi, exministro de Defensa que pidió el arresto del expresidente Ashraf Ghani tras conocerse su huida del país, confirmó en un tuit la recuperación de tres distritos en la provincia de Baghlan. “La resistencia sigue viva”, dijo Mohammadi, quién fuera comandante anti-talibán durante la primera etapa del grupo en el poder. En Twitter, aparecieron publicaciones con fotos y vídeos de los distritos supuestamente capturados, incluyendo imágenes de combatientes celebrando su victoria al grito de «Allahu akbar» (Alá/Díos es el más grande).

El levantamiento del pasado viernes no parece guardar relación con otra fuerza anti-talibán que surgió la semana pasada, también en el norte del país: el Frente de Resistencia Nacional de Afganistán, liderado por Ahmad Massoud, hijo del difunto líder muyahidín afgano, Ahmad Shah Massoud. El anciano Massoud lchó contra los talibanes a fines de la década de 1990 desde su base en el valle de Panjshir, al noreste de Kabul. Dos días antes de que se produjeran los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Massoud fue asesinado por agentes de Al Qaeda.

El Frente de Resistencia Nacional parece estar respaldando al exvicepresidente Amrullah Saleh, quien se cree se encuentra en el valle de Panjshir, la única zona del país que no está bajo el control de los talibanes. Saleh afirma que es el protector legítimo de Afganistán después de que el ex presidente Ghani huyera a los Emiratos Árabes Unidos horas antes de que los talibanes entraran en Kabul el fin de semana pasado.

El pasado miércoles,  el Washington Post publicó una carta en la que Massoud solicitaba apoyo, armamento, munición y suministros de EE.UU y Occidente. “Estoy dispuesto a seguir los pasos de mi padre, con los combatientes muyahidines que están preparados para enfrentarse una vez más a los talibanes» decía en su carta.

Massoud también aseguró que sus fuerzas incluyen ex soldados del ejército regular afgano y fuerzas especiales afganas, así como afganos comunes que han respondido a su llamada para unirse a la resistencia. “Tenemos provisiones de municiones y armas que hemos recolectado pacientemente desde la época de mi padre, porque sabíamos que este día podría llegar”, escribió Massoud.

Sin embargo, a su causa no se han sumado otros líderes afganos que también se resistieron al gobierno de los talibanes en el pasado. Por el contrario, en esta ocasión muchos han optado por trabajar con los talibanes con la esperanza de crear un gobierno de transición inclusivo. El exlíder del consejo de reconciliación Abdullah Abdullah, el ex presidente Hamid Karzai y un poderoso caudillo, Gulbuddin Hekmatyar, han formando un consejo que busca un acuerdo político con los talibanes, en lugar de unirse a la incipiente insurgencia.

«Las conversaciones y reuniones tratan sobre cómo podemos reconducir la situación actual hacia la formación de un gobierno», dijo Fraidoon Khwazoon, portavoz de Abdullah. «Los talibanes dicen que se debe invitar a todos los líderes a regresar a Kabul para las negociaciones». Abdullah ha estado pidiendo a los talibanes que garanticen la seguridad de los líderes afganos y el cese los registros casa por casa y la incautación de vehículos emitidos por el nuevo gobierno. «Un  representante talibán está en Kabul para conversar, pero primero los líderes afganos necesitan garantías de seguridad por parte de los talibanes», dijo el portavoz.

El viernes, tales garantías de seguridad estaban en el aire, especialmente para los miembros de la comunidad minoritaria Hazara,  musulmanes chiítas. Un informe de Amnistía Internacional detalla la tortura y masacre de nueve hombres hazara el mes pasado por los talibanes (sunitas), después de que capturaron territorio en la provincia de Ghazni. Las acusaciones se produjeron justo después de que los talibanes ofrecieran seguridad para los rituales y procesiones durante la Ashura, una importante conmemoración chií que es considerada una blasfemia por los sunitas de línea dura.

Esta decisión habría generado esperanzas en cuanto a un posible cambio de enfoque talibán hacia los hazara, quienes fueron perseguidos en el pasado durante el último gobierno talibán. “No puedo creer que los talibanes hayan cambiado […] Los combatientes talibanes han sido entrenados por los mismos que nos perseguían en el pasado y para ellos los hazaras son infieles» dijo Habibullah, un hazara de 33 años. Por el momento parece que continúa reinando el escepticismo.

 


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.

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