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Hospitalarios aragoneses: los monjes soldados

Hospitalarios aragoneses: los monjes soldados

Por G.B. D. Agustín Alcázar Segura (R).

Entre las Ordenes Militares de Caballería que nacieron a raíz de la Iª Cruzada y que llegaron a asentarse en España, merecen citarse la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y la del Temple.

Si bien ambas respondían al espíritu general que provocaron su nacimiento, la primera dedicaba buena parte de sus fondos a obras de caridad, en tanto que la del Temple se orientaba con mayor decisión hacia la guerra ofensiva y manejaba sus riquezas como banquero y prestamista, de acuerdo con una política financiera que acabaría por crearle grandes enemigos.

Como es lógico, dado que llegaron a la Península procedentes del resto de Europa, la zona de penetración inicial fue Cataluña y Aragón.

ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN DE JERUSALEN

Aún cuando no se sabe exactamente cual fue el origen de esta Orden, si existe unanimidad al coincidir con el nombre de su fundador, Gerald o Gerard, del que tampoco se saben ni su lugar de nacimiento ni sus apellidos. No obstante, su título de fundador está autentificado por un documento contemporáneo, la Bula de Pascual II (1099-1118), fechado el 15 de febrero de 1113 y dirigido a «Geraudo institutori ac praeposito Hirosolimitani Xenodochii».

Éste no fue el primer establecimiento de su clase en Jerusalén. Antes de las Cruzadas, los mesones (hospitia oxenodochia) eran indispensables para albergar a los peregrinos que acudían a los Santos Lugares y pertenecían a diferentes naciones. Se habla de un hospicio franco en la época de Carlomagno. Se dice también que se estableció un hospicio húngaro en la época del Rey San Esteban (año 1000). No obstante, el más famoso fue el hospicio italiano al que nos hemos referido más arriba, creado en el año 1048 por los comerciantes de Amalfi, quienes tenían ya entonces relaciones comerciales con Tierra Santa.

Se ha tratado de conectar el origen de los Hospitalarios de San Juan con esa fundación, pero es dudoso que así fuera, ya que los Hospitalarios tenían a San Juan Bautista por patrono mientras que el hospicio italiano estaba dedicado a San Juan de Alejandría. Por otra parte, los primeros adoptaron la Regla de San Agustín mientras que el hospicio tomó la Benedictina. Como la mayoría de otras casas similares de ese tiempo, el hospicio de Amalfi dependía de un monasterio, en cambio el de Gerard fue autónomo desde el principio. Antes de las Cruzadas el hospital italiano había decaído ya que estuvo sostenido únicamente por limosnas recolectadas en Italia. Gerard se benefició con la presencia de los cruzados y la gratitud de éstos hacia su hospitalidad, lo que le valió la adquisición de territorios e ingresos no sólo en el nuevo reino de Jerusalén sino también en Europa – Sicilia, Italia y Provenza.

Gracias a los recursos acumulados por Gerard, su sucesor Raymond de Provenza (1120-1160) erigió edificios más espaciosos cerca de la iglesia del Santo Sepulcro y de ahí en adelante el hospicio se convirtió en un hospital mejor atendido por una comunidad. Así, habría que decir que los Hospitalarios de Jerusalén nacieron con Raymond de Provenza, autor de la regla que establece sólo su conducta como religiosos y enfermeros, sin mencionar la que se debe como caballeros. Dicha regla establecía que el hospital debía mantener permanentemente cinco médicos y tres cirujanos. Los hermanos debían realizar las funciones de enfermeros.

Raymond continuó recibiendo donaciones, lo que le permitió complementar su fundación con una segunda innovación. Sufragó el costo de una escolta armada para acompañar y defender cuando fuera necesario a los peregrinos que llegaban y partían, que con el tiempo se convirtió en un verdadero ejército. Estaba formado por caballeros reclutados entre los cruzados de Europa y sirviendo como caballería pesada y turcopoles[1], quienes hacían las funciones de caballería ligera armados a la usanza turca.

De esta forma la Orden de San Juan se convirtió imperceptiblemente en una orden militar sin perder su carácter hospitalario. La primera mención acerca del servicio militar aparece en los estatutos del noveno Gran Maestre, Alfonso de Portugal, hacia el año 1200. En ellos se hace una marcada distinción entre los caballeros seculares, externos a la Orden, quienes servían sólo por un tiempo y los caballeros declarados, unidos a la Orden mediante un voto perpetuo y poseedores de los mismos privilegios espirituales que los otros religiosos. De ahí en adelante la Orden nombraba dos clases de miembros: los hermanos militares y los hermanos enfermeros. Los hermanos capellanes, a quienes se les confiaba el divino servicio, formaban una tercera clase[2].

En Aragón, ya antes de la muerte de Alfonso I el “Batallador”, se registran donaciones a su favor, pero será a partir de 1134, en virtud del testamento de dicho monarca, cuando pasen al primer plano de la vida política, al ser instituidos, junto con Templarios y canónigos del Santo Sepulcro, herederos del reino. Esta decisión no fue aceptada por la nobleza aragonesa y tras unos años de negociaciones, renunciaron a sus derechos[3] a favor de Ramón Berenguer IV, convertido en rey de Aragón por su matrimonio con Petronila, hija del hermano del fallecido Alfonso I, Ramiro II el “Monje”[4],

A partir de este momento se prodigaron los donativos por parte de los fieles de todas las categorías sociales, impulsados por los beneficios espirituales que les deparaba la Orden. Dentro de los miembros conventuales, los caballeros tenían como misión específica el servicio de armas, en tanto que el prior, capellán y diáconos atendían a la vida espiritual de la comunidad. Había también frailes sirvientes, encargados junto con los donados del cuidado de pobres y enfermos. El hábito de los Hospitalarios era negro, sobre la capa llevaban la cruz blanca, distintivo de la Orden, que en guerra destacaba sobre la cota de color rojo.

Fue sobre todo con Alfonso II de Aragón (1164-1196), cuando se registró el mayor auge de los dominios sanjuanistas en tierras aragonesas, marcando el inicio de varias encomiendas. Entre las donaciones con que les favoreció el monarca se registra la concesión en 1180 de la Zuda[5] de Zaragoza, a partir de este momento sede central de esta dilatada encomienda. Recibieron también de la realeza una serie de privilegios y exenciones fiscales, extensibles a todos sus dominios en Aragón.

Los Hospitalarios aragoneses, en su calidad de monjes soldados, participaron en algunas empresas de la Corona; no obstante, es más de destacar su labor en la colonización del territorio aragonés. En la dinámica de este proceso constituyó elemento primordial la concesión de cartas pueblas[6] que habían de componer el marco jurídico de la comunidad de vecinos. Dentro de su actividad económica, debe señalarse la plantación de viñedos, puesta en cultivo de landas, mejoras en el sistema de riegos y potenciación de nuevas fuerzas hidráulicas, asimismo la creación de molinos, apertura de mercados, etc. En otro orden de actividades señalemos la custodia de objetos de valor, préstamos a la realeza y a los particulares, desempeño de fincas y otras operaciones financieras.

Tras la extinción del Temple en 1312, se iniciaron una serie de negociaciones entre Jaime II de Aragón y la Santa Sede, de modo que el 10 de julio de 1317, el Pontífice Juan XXII creó la Orden de Montesa, a la que se asignaron los bienes de los Templarios en el reino de Valencia (salvo dos de sus encomiendas) y que recibió la protección de los reyes aragoneses, quienes a su vez se lucraron de su ayuda militar El resto de sus bienes en la Corona de Aragón pasó al Hospital.

En su larga vida, la Orden ha cambiado de nombre en varias ocasiones. Conocidos como Hospitalarios de Jerusalén hasta 1309, fueron llamados luego Caballeros de Rodas de 1309 a 1522 y Caballeros de Malta desde 1530 a la fecha actual.

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[1] Hijos de padre turco y madre griega.

[2] SÁNCHEZ MARCO, Carlos: Historia medieval del Reyno de Navarra.

www.lebrelblanco.com/anexos/a0287.htm.

[3] A cambio se le hicieron fuertes compensaciones materiales en Barbastro, Huesca Zaragoza, Calatayud, Daroca y Jaca.

[4] Ramiro fue exclaustrado y contrajo matrimonio con Isabel de Poitou, del cual nació Petronila, que contrajo matrimonio con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, lo que dio origen a la unión del Reino y el condado. Bajo un mismo cetro

[5] Presa hecha en los ríos a fin de tomar agua para regar y para otros usos.

[6] Carta Puebla, Carta de Población, Privilegio de Población es la denominación del documento por el que los reyes cristianos y señores laicos y eclesiásticos de la Península Ibérica otorgaban una serie de privilegios a grupos poblacionales, con el fin de obtener la repoblación de ciertas zonas de interés económico o militar durante la Reconquista. Constituyó la primera manifestación de derecho local aparecida durante aquel proceso. Con ellas se pretendía asegurar las nuevas fronteras (finalidad estratégica), a través del asentamiento de una población guerrera y campesina; y la revitalización de las tierras conquistadas a los musulmanes (objetivo económico), fomentando la creación de nuevas fuentes de riqueza y el aumento, consecuencial, de los recursos de la hacienda real. Además, sirvieron a los reyes como un instrumento político de equilibrio frente al poder señorial, permitiendo la generación de núcleos urbanos conformados por hombres libres, que hacían las veces de una tercera fuerza entre los señores y los monarcas.


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