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¿Es necesario fomentar la cultura de defensa?

¿Es necesario fomentar la cultura de defensa?

G.B. D. Agustín Alcázar Segura (R).

¿Por qué es necesario fomentar hoy la cultura de defensa? ¿Qué objeto tiene un programa sobre este tema? Todo el mundo afirma su opción por la paz, pero resultan bastante desalentadoras las respuestas cuando se pregunta sobre su apoyo a los Presupuestos o a la acción de los Ejércitos.

Las opiniones sobre los motivos de esta actitud son variadas, pero en general se mueven en la línea de que, por un lado, no se percibe que exista el peligro de una agresión y por otro, que se han enquistado algunas ideas pacifistas que han derivado hacia la idea de que para lograr la paz las FAS llegan a ser más un obstáculo que un instrumento necesario. Por eso no se contempla como una contradicción que se valoren bien los Ejércitos y, a la vez, se mantenga una opinión crítica con las operaciones militares y con los gastos en defensa.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta formulada en primer lugar es que se necesita desarrollar un programa serio de fomento de la cultura de defensa, porque constituye un déficit importante en los países occidentales. Si bien es un hecho que los conflictos entre Estados parecen estar en recesión, no es menos cierto que el conflicto asimétrico se ha instalado como un cáncer en todo el mundo, forzando la participación de Organizaciones de Defensa Internacionales en escenarios repartidos por todos los continentes.

Al segundo interrogante, los objetivos de este programa se pueden resumir en dos: conocer y valorar. La cultura parte del conocimiento, sin el que no es posible que se asienten sólidamente los sentimientos. No hay que olvidar que el patriotismo es un sentimiento simultáneamente individual y colectivo y, aunque son muchos los ejemplos en los que ha aflorado con ocasión de un acontecimiento nacional importante, sin que antes pareciera existir, lo que da estabilidad y favorece el progreso es que la solidaridad entre todos los ciudadanos, sea una realidad en el día a día.

El conocimiento debe centrarse principalmente en tres apartados: el panorama estratégico, que incluye los problemas que tiene la propia nación; los organismos nacionales e internacionales responsables en lo que se refiere a la Seguridad internacional, su organización, sus capacidades y sus necesidades; y las FAS, como Institución dedicada expresamente a proporcionar seguridad y contribuir a la paz.

Ante todo es necesario tener una visión, lo más objetiva posible, de los conflictos que hoy existen en diversas partes del mundo. Unos tienen raíces históricas, otros han surgido como consecuencia de problemas políticos o económicos nuevos, pero en todo caso hay que saber que el conflicto armado es una realidad actual. Conviene que este conocimiento vaya más allá de las noticias puntuales de los medios de comunicación, porque no se trata de hacer juicios de valor sobre quién es responsable, sino de conocer los orígenes y las secuelas de los conflictos y, en consecuencia, tener una idea de dónde y porqué pueden estallar los futuros.

En este conocimiento es importante saber dónde se sitúa el propio país, pues aún cuando sus circunstancias particulares haya hecho una realidad el que desde hace muchos años no haya sufrido  ninguna agresión exterior, tampoco se pueden descartar futuras confrontaciones y, en todo caso, se tienen responsabilidades internacionales que pueden exigir una intervención de cierta entidad.

En segundo lugar hay que conocer el papel de los organismos internacionales y su responsabilidad en la lucha por la paz. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene éste como principal objetivo y a ello dedica sus mayores esfuerzos. Saber cómo funcionan las diversas agencias, qué es el Consejo de Seguridad, qué posibilidades de intervención tiene el Secretario General, la Asamblea General, etc, son temas claves que deben formar parte de una moderna «cultura de defensa». Y lo mismo cabe decir de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y que constituye en la actualidad el órgano con mayor capacidad operativa para intervenir en la solución de un conflicto armado, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), o los organismos de la Unión Europea creados con este objetivo.

El complemento a este conocimiento es saber dónde están interviniendo, que son las operaciones de imposición de la paz, las de mantenimiento de la paz, las de acción humanitaria, cómo se organizan estas fuerzas multinacionales, qué limitaciones existen y qué gastos comportan. En definitiva, se trata de conocer lo más a fondo posible este tipo de Operaciones, que unas veces realizan los ejércitos de forma independiente, y otras colaborando con las Organizaciones no Gubernamentales.

Y en tercer lugar es preciso conocer a los Ejércitos. No solo en su estructura y su organización, sino también sus capacidades, su forma de actuar, sus tradiciones y, sobre todo, cómo son y cómo se forman sus miembros. Es necesario que desaparezca el tópico de que constituyen un sector aparte y cerrado de la sociedad, porque desde hace muchos años están plenamente integrados en el conjunto de la misma. Las peculiaridades de su misión y el hecho de que se trate de una institución con una larga historia, explica que existan diferencias que el resto de los sectores sociales deben conocer.

Toda esta amplia temática exige una formación de base que permita posteriormente asimilar la información que se vaya recibiendo, y facilite tener un criterio serio y responsable. Sobre esta formación es donde ha de asentarse la valoración, segundo objetivo de la cultura de defensa. Pero los sentimientos no se pueden imponer y para fomentar una actitud de admiración y de aprecio no basta con conocer unos datos sino que han de incorporarse con espíritu crítico al propio esquema de valores. Por este motivo el desarrollo de un programa eficaz debe desarrollar actividades que susciten estos afectos.


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