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La inteligencia en la era de la información dentro del contexto híbrido de la guerra

La incertidumbre y volatilidad que presenta el siglo XXI está determinada por la basta diversidad de actores y escenarios, elementos definidos por la correlación que guardan. Una condición que amplifica la inestabilidad de un mundo interconectado en virtud de las capacidades tanto comunitarias como individuales. En este contexto de múltiples espectros, la inteligencia acopia las características pertinentes para encontrar explicación y respuesta a los riesgos que hacen de nuestra realidad un escenario en constante amenaza de erupción.

La naturaleza multidisciplinar que atesora el dispositivo de inteligencia consta de las cualidades para responder a la ofensiva híbrida, dado su enfoque heteróclito, integral y resiliente. Dentro del marco estatal, la condición poliédrica de la inteligencia dota a las Estrategias de Seguridad de mecanismos proactivos constantes, diseñados para generar dispositivos de respuesta contra la máxima amplitud de la amenaza. Asimismo, la maquinaria de inteligencia está configurada para responder y trabajar en la incertidumbre.

En el contexto de la era de la información, dentro del marco de la Seguridad respecto al conflicto híbrido, la inteligencia posee la funcionalidad para desarrollar metodologías específicas que confronten los efectos de las injerencias en el seno de las sociedades.

En primera instancia, cabe considerar las tres dimensiones que el término inteligencia contempla: [a] como proceso (Ciclo de Inteligencia), [b] como producto, [c] como organismo (Servicios de Inteligencia). La inteligencia ha tenido presencia constante, sin embargo, en una realidad en la que la fluctuación informativa de las masas condiciona agendas políticas, la aplicación de técnicas de análisis puede constituir un sistema de tratamiento informativo de alto valor estratégico. Es así que un paso fundamental debe conducir a entender y definir la relación entre quienes generan inteligencia y quienes la consumen.

La inteligencia es un pilar dentro de la infraestructura de Seguridad Nacional, si hablamos de Estados, pero cuyo atributos también puede ser eficaces para atender las necesidades de diversas entidades y actores, a raíz de su condición multidisciplinar. Las técnicas de análisis de inteligencia conforman procesos sistemáticos de obtención de información y evaluación de ésta para lograr la interpretación más acertada de situaciones críticas, y mediante ello alcanzar una adecuada toma de decisiones.

Las herramientas de las que disponen las sociedades han condicionado el trato informativo y el papel de cada individuo

El horizonte geopolítico y las amenazas derivadas de aquel plantean incertidumbres con múltiples variables en un marco de actuación que exige el conocimiento más constante y profundo de cada elemento involucrado. Las sociedades actuales representan un actor innegable, capaz de condicionar el empleo de la fuerza y la diplomacia de los Estados por su disposición informativa. A raíz de tal coyuntura, la inteligencia presenta unos credenciales que se adecúan a las necesidades del momento: su naturaleza holística es capaz de atender mediante procesos de análisis a las complejidades de cada escenario y reducir la incertidumbre, de tal forma que el decisor cuente con la máxima contextualización posible sobre la materia en cuestión. Es así cómo la inteligencia – como producto – ofrece una comprensión del entorno en una mayor amplitud, a tenor del conocimiento y la diversidad de perspectivas de quienes elaboran el análisis.

A la hora de hablar de la tipología, la inteligencia se puede distinguir según: el nivel de decisión (nacional, departamental, operativa), la finalidad (estratégica, táctica, operativa, de prospectiva), el medio utilizado para obtener la información (HUMIT, OSINT, SIGINT, IMINT), método de obtención (HUMIT, SIGINT o IMINT), el ámbito al que pretende servir (inteligencia interior, inteligencia exterior o inteligencia multinacional), o la materia de conocimiento (geográfica, política, económica, sociológica, militar, científica y tecnológica, criminal o inteligencia competitiva o sociocultural).

Las fuentes son elemento diferencial en la labor de Inteligencia. De ahí la conveniencia de contar con redes de información contrastada y de valor, encuadradas en el proceso de Obtención, como paso previo para abordar el proceso de valoración y de análisis (fase de Elaboración del Ciclo). Ante tal escenario, es menester subrayar la importancia de las fuentes abiertas (OSINT), cada vez más utilizadas. En el caso de la Comunidad de Inteligencia estadounidense se estima que los datos derivados de las OSINT alcanzan el 80% de la información. No obstante, en virtud de su procedencia, el empleo de fuentes abiertas exige unos filtros de identificación, selección, organización y análisis concretos. A la hora de medir el valor de este tipo de fuente se atiende a varios factores: (a) rapidez de obtención (b) cantidad, (c) calidad, (d) claridad, (e) facilidad de uso, y (f) coste.

Los expertos, a la hora de utilizar este tipo de fuentes, acuden a métodos de búsqueda de información siguiendo los pasos de profesionales que trabajan con la misma materia prima o que están más próximos al tema que se pretende cubrir: las publicaciones de académicos o periodistas, y la visión de historiadores, politólogos o diplomáticos son fuentes que ofrecen la oportunidad de proporcionar gran diversidad de perspectivas en el marco OSINT; la fórmula de apoyarse en el mundo académico puede dar réditos cada vez más cuantificables, en este caso también desde la perspectiva teórica. En la misma línea, otra alternativa es indagar en la visión de colectivos que comparten ideología, religión, cultura o idioma con aquello que se investiga, de tal forma que el análisis contenga información de diversa naturaleza técnica.

El analista debe ser consciente tanto de los sesgos propios como de los ajenos, y mediante la metodología ser capaz de filtrar la información para realizar un eficiente trabajo analítico. Es precisamente el rigor en la metodología la faceta que se puede extender a los colectivos como herramienta de mapeado y filtrado de datos contra la distorsión e injerencia del caudal informativo.

Una sociedad que sepa evaluar la calidad de la información supone un avance diferencial en la Estrategia de Seguridad de la nación, ya que genera posibles sinergias con los Servicios de Inteligencia en cuanto a la compresión de las amenazas. Sin embargo, para que esto suceda debe fomentarse en los ciudadanos el uso de plataformas de literatura especializada para el conocimiento específico, así como el empleo de técnicas de análisis; de tal forma que los dispositivos de búsqueda y las metodologías de diversa índole configuren un proceso de analítico autónomo. De esta manera, el alcance de conocimiento a partir de fuentes abiertas puede pavimentar una suerte de método de selección informativa contra maniobras de propaganda y manipulación. En este proceso resulta palmaria la inclusión de universidades, Think Tanks y medios de comunicación generalista.

Debemos saber medir la repercusión a escala individual y colectiva que poseemos a través del mundo digital. Una realidad que cada vez ocupa más peso en las agendas geopolíticas, y que nos convierten en objetivo de injerencias

Las plataformas de comunicación digital son otro elemento a tener en cuenta. Las redes sociales revelan la disposición del espectro social con la información. El uso que se hace de Twitter, Facebook, Whatsapp, entre otras, deja entrever las dinámicas de una sociedad que absorbe información sin ponderar su validez y la difunde sin evaluar sus consecuencias. Un ejemplo de ello fue el atentado de Las Ramblas: la gente a pie de calle comenzó a publicar información sin rigor, que no tardó en alcanzar eco, y ello precipitó una crisis de mayor envergadura que el hecho mismo del elevado número de víctimas y la conmoción provocada en la ciudad. Esta dinámica social es un medidor del impulso y sesgo que tiene la gente en la espectro informativo. En tales circunstancias, cualquier colectivo civil es más vulnerable ante las operaciones de desinformación y manipulación social.

Los Servicios de Inteligencia disponen de una óptica integral de la seguridad, a pesar de que cada nación tiene señalada sus prioridades en función de su historia y su posición. Dimensiones estratégicas como la económica, militar, política, social o cibernética se atienden en proporción a los recursos, a las amenazas y a las aspiraciones de cada país, de tal forma que se ponderen los objetivos reales a través de una estrategia acorde. En una realidad con la volatilidad actual de las relaciones internacionales, la visión estratégica debe contemplar capacidades tácticas flexibles, y una naturaleza operativa que implique la utilización de técnicas estudiadas y acopladas que faciliten la adaptación al contexto.

Actualmente, las sociedades tienen mayor incidencia en los avatares políticos de los Estados. Este hecho supone suficiente razón de peso para integrar a los colectivos civiles, así como al sector privado, dentro de la infraestructura de Seguridad Nacional. Las capacidades con las que cuenta hoy cada ciudadano – y empresas – implican ciertas responsabilidades , y para ello se necesita generar conciencia desde el conocimiento. Es así que la Cultura de Inteligencia debe perseguir un doble objetivo en el ámbito civil: (a) externalizar los conceptos de inteligencia, disipando la mística que le rodea al aportar contexto a la población, y (b) fomentar en las sociedades determinados procedimientos técnicos: tanto la búsqueda de plataformas de conocimiento especializado, como facilitar la familiaridad con técnicas de análisis (Construcción de Técnicas Análisis de Escenarios, Abogado del Diablo, Equipo Rojo, análisis DAFO o análisis PESTEL). De hecho, ciertas técnicas se han exportado y adaptado desde otras áreas de conocimiento.

Del mismo modo, dentro de la Cultura de Seguridad, universidades y medios de comunicación – con la diversidad de pensamiento que éstos sustentan – se pueden convertir en ejes informativos desde los que propulsar los puntos expuestos en el párrafo anterior. El apoyo a Think Tanks (como ya sucede en mundo anglosajón), la promoción de conferencias y seminarios, o el fomento de eventos en los medios (entrevistas en televisión o radio a expertos sobre temas relacionados), puede facilitar a las sociedades ganar constancia de las acciones de riesgo a título personal dentro de una amenaza colectiva.

Las perspectivas del siglo XXI muestran un escenario en el que incluso actores no estatales tienen un amplio margen de desarrollo gracias al acceso a la información. Una realidad que posibilita que la producción de inteligencia ya no esté monopolizada por los Estados. De ahí que la conciencia de la inteligencia por parte de las sociedades represente un reto para la plataforma de Seguridad de cualquier nación. En el mundo actual es menester ser consciente de la magnitud de nuestras capacidades. La era digital nos expone en la misma medida que nos concede la amplitud y variedad informativa. El alcance de cada individuo ha amplificado las vulnerabilidades y la responsabilidad comunitaria por igual. La era de la información ha concedido una relevancia específica a la población de cada nación, que deben plantearse desde criterios propios el valor del tratamiento informativo. Un contexto que da sentido palmario a que las sociedades recurran a técnicas de análisis.

Hacer consciente a las sociedades de la amenazas derivadas de los «conflictos híbridos» es el primer paso hacia una seguridad estatal más íntegra

El operativo híbrido como el desplegado por Rusia deja patente la trascendencia de Estrategias de Seguridad que dispongan de medidas que incluyan a los colectivos como agentes conscientes y consecuentes respecto a las amenazas, razón por la cual resulta vital [1] incitar el empleo y facilitar el acceso a la diversidad de plataformas de literatura especializada: cada individuo, en su vasto acceso a fuentes abiertas, tiene a su alcance información de expertos y contrastada desde la cual obtener versiones coherentes de cada situación, y [2] completarlo con el fomento de técnicas de análisis. Para minimizar el impacto de las injerencias de las que son objeto, los colectivos deben tener nociones del contexto; de los recursos y de las tácticas combinadas que los agentes desestabilizadores emplean. Las técnicas de análisis permiten descubrir la correlación entre acontecimientos, actores y datos, y generar nociones sólidas sobre los agentes que tienen a las sociedades como objetivo.

La Cultura de Inteligencia en las sociedades supone un salto estratégico en el objetivo de adecuar la infraestructura de Seguridad a nuestro tiempo, de tal forma que derive en una infraestructura de Seguridad más sólida e íntegra al valorar la conciencia colectiva ante el tipo de amenazas de hoy, aumentando así las posibilidades de minimizar la amenaza socio-informativa.

La calidad informativa de una nación está a la altura de la disposición y capacidad de sus sociedades en el tratamiento y comprensión de los datos. Precisamente por ello es de importancia estratégica que la gente evite perspectivas simplificadas, y que tengan la facultad seleccionar la información para, en última instancia, generar conocimiento por sí mismos. Una vez conocedores del proceso, más viable resulta detectar los sesgos y la manipulación intrínseca. La inteligencia contiene las herramientas para dar valor a la profundidad, el impacto y el potencial que la información reúne. La arquitectura de Seguridad comienza desde la capacidad de cada individuo por estar a la altura de los recursos de que dispone, y finaliza en el Estado al converger la seguridad con las libertades.

 


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica