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África sufre de media 30 muertes diarias por terrorismo yihadista

Solo en 2018 se registraron más de 3000 actos terroristas llevados a cabo por diferentes grupos yihadistas en el continente africano. Estas acciones se cobraron la vida de aproximadamente 10.000 víctimas inocentes según ha informando el Departamento de Defensa norteamericano.

África se ha convertido en el escenario propicio para la yihad. Así lo demuestra la impresionante expansión que ha experimentado la causa yihadista  a lo largo de estas últimas décadas, especialmente en las regiones del norte y en el Sahel. A medida que se ha incrementado la actividad también lo ha hecho el número de países afectados, que en 2018 ya alcanzaba los trece, frente a los cinco de 2010.

Después de todo se trata de la zona más inestable del mundo según el índice Fund for Peace, atendiendo  a la debilidad de los estados que la componen, los elevados niveles de corrupción, los preocupantes indicadores de pobreza, así como por la vasta fragmentación étnica, religiosa  y geográfica que divide las sociedades dando lugar a no pocos enfrentamientos entre grupos. Todos estos factores constituyen el caldo de cultivo ideal para la proliferación y la consolidación del terrorismo en cualquier territorio.

Bajo esas premisas, ante el vacío de poder y lo enormes desequilibrios sociales, Daesh y en mayor medida Al Qaeda, lograron clavar sus garras profundamente en suelo africano. Primero Argelia en la década de los 90, después vendría Mali y el nacimiento de Al Qaeda en el Magreb Islámico allá por el 2007, y a partir de 2011 con las denominadas Primaveras Árabes se consolidaría la posición yihadista al sur del Magreb, con los arsenales saqueados de un Gadafi derrotado y la consiguiente inestabilidad política que anegó la región.

A pesar de ser el escenario donde más rápido ha crecido la amenaza yihadista, los indicadores apuntan a un descenso en la letalidad de las acciones terroristas, siendo Boko Haram el grupo más mortífero de estos últimos diez años, superando las 11.400 víctimas y los 1.100 atentados. Este hecho contrasta con el incremento de las acciones contra civiles desde 2010 (8%), que se ha elevado hasta suponer el 21% de los atentados registrados en 2018. Por el contrario, el número de víctimas ha descendido ininterrumpidamente desde 2015 (año en que perdieron la vida 18.856 personas), a excepción de la región del Sahel donde las víctimas se duplicaron en 2018 hasta alcanzar los 1.112 muertos.

Sin embargo, a pesar de los datos anteriores, el Índice de Terrorismo Global del pasado año, mostraba una tendencia marcada por el aumento del número y la entidad de los grupos extremistas, contando actualmente con aproximadamente dos docenas de entidades en activo.

Según los analistas las notas definitorias de la actual deriva terrorista en el continente africano están marcadas por un carácter eminentemente local, centrado en las reivindicaciones étnicas; por la prevalencia de las filiales de Al Qaeda, que ya por 2018 contaban con más de 9000 efectivos repartidos  entre el Magreb y el Sahel; por la expansión de sus zonas de actuación en virtud de una porosidad fronteriza fuera de control; y por último , por el incremento en el grado de complejidad, organización y crueldad a la hora de atentar.

Los expertos advierten de la escasa efectividad de las medidas nacionales y regionales adoptadas hasta el momento con la intención de frenar el avance yihadista. Unas medias centradas fundamentalmente en el ámbito de la seguridad, apartado que consideran imprescindible pero insuficiente a la hora del solventar un problema de esta categoría. De ahí que pongan el foco en estrategias que vayan más allá de la protección de la población y ataquen las raíces profundas que subyacen en las capacidades de reclutamiento, adoctrinamiento y financiación.


Analista de inteligencia. Especializado en análisis del entorno de la información y Defensa.

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