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La crisis en Ucrania. Un conflicto más allá de dos países

El conflicto entre Rusia y Ucrania es más que una guerra entre dos países. Es tal la incidencia que ha tenido y el grado de implicados que engloba que la crisis de Ucrania es un asunto de escala global, desde el marco geoeconómico y militar hasta su impacto en el orden internacional.

Superados los cuarenta días de conflicto se ven los primeros atisbos de que la diplomacia gana peso. En las últimas fechas se han puesto encima de la mesa condiciones y exigencias de ambas partes y, aunque están lejanas, la mera existencia de negociaciones ya prueba una cierta iniciativa a aceptar condiciones de la contraparte. No obstante, la amplitud de dimensiones en las que esta crisis incide hace presagiar que aún quedan varios capítulos por delante.

 Plano militar

La maquinaria militar rusa iniciada el pasado 24 de febrero tenía como máxima deponer al Gobierno ucraniano. Sin embargo, pasado los cuarenta días de invasión, Vladimir Putin se encuentra con un escenario bélico enquistado, muy lejos de los objetivos que presuponía, y buscando la manera de salir lo menos perjudicado posible de una encrucijada que tiene en jaque la posición internacional de Rusia.

Aún es pronto para saber en qué momento se encuentra el conflicto. Lo que ha quedado en evidencia es que Rusia no se preparó para una invasión más allá de una campaña relámpago. Las deficiencias organizativas, su dificultad para mantener las líneas de comunicación y su falta de coordinación entre operativos han demostrado que Rusia había diseñado otro tipo de contienda. El Ejército ruso, por muy grande que sea, no posee los números adecuados para ocupar Ucrania: el planteamiento llevado a cabo ha sido de manual, pero su ejecución errónea. La cúpula militar rusa ha medido mal su despliegue, dando muestras, además, de baja resolución en fase ofensiva, muy diferente a lo que el escenario ucraniano le ha exigido. Con el transcurso de los días se han podido vislumbrar las deficiencias de las fuerzas rusas con los errores en materia táctico-operativa: desde limitaciones logísticas hasta la descoordinación de medios, así como problemas de cobertura aérea o disfunción en la movilidad entre unidades.

Tras cuarenta días de la invasión, las fuerzas rusas se retiraron de alrededor de Kiev. Es pronto para saber si tal repliegue es parte de un plan para centrarse en los flancos meridional y oriental o una maniobra de reagrupación para atacar con más contundencia en un futuro; aunque tampoco se puede descartar un cambio de planteamiento operativo.

Uno de los principales factores que ha marcado los acontecimientos es la logística. La dependencia del ferrocarril como canal de movilidad y abasteciendo ha marcado diferencias: Rusia está preparada para transportar tropas y recursos dentro de sus fronteras con eficiencia, pero una vez que irrumpe en espacio extranjero pierde eficiencia organizativa. Éste es un elemento que ha quedado en evidencia a medida que pasaban los días y las tropas rusas se veían aisladas por problemas en las líneas de comunicación.

Otro factor que hay que señalar es el peso del espacio aéreo en el conflicto. El control de éste es un elemento determinante de cualquier contienda. En Ucrania, a pesar de la diferencia en recursos, el Ejército ruso no ha sido capaz de hacer valer su superioridad tecnológica y material y convertir el espacio aéreo en un elemento diferencial.

UAV de origen turco, Bayraktar TB2 (F: Wikipedia)

A estos factores endógenos de la maquinaria militar rusa hay que sumar las claves de la resistencia ucraniana. Además del fundamental capital humano en la defensa del país, hay que subrayar los recursos suministrados por Occidente. Desde Inteligencia y asesoramiento, hasta víveres y, de manera diferencial, armamento destinado a anular la ofensiva militar rusa.

El material bélico ha permitido presentar batalla en la guerra urbana (rifles de asalto, obuses y lanzagranadas), y a medida que Ucrania ha ido recibiendo recursos militares provistos por Europa su defensa iba ganando en solidez. Es así que armamento como lanzacohetes anticarro portátiles (modelo FGM-148 Javelin) y misiles antiaéreo (modelo Stinger, tierra- aire) han minimizado de manera decisiva la superioridad militar rusa. A este arsenal también hay que añadir los UAVs al servicio de las fuerzas ucranianas: los drones de origen turco, los Bayraktar TB2 y los Switchblade estadounidenses. Este tipo de armamento también es otro factor responsable de que Rusia no haya impuesto su superioridad en el espacio aéreo ucraniano. No obstante, cabe decir que los drones de origen turco fueron suministrados a Ucrania en 2019. En las circunstancias actuales supondría un problema estratégico para el Gobierno de Ankara proporcionar UAVs a Kiev, dadas las cercanas y necesarias relaciones que mantiene Turquía con Rusia.

Lanzacohetes anticarro Modelo FGM-148 Javelin (Fuente: Wikipedia)

El haber conseguido contrarrestar la superioridad militar rusa ha exigido el cambio de planteamiento en la contienda. Durante las primeras semanas de confrontación parecía inevitable la toma de Kiev por el Ejército ruso, que atacaba por tres frentes distintos, y, sin embargo, finalmente la ciudad ha permanecido bajo control del Ejecutivo liderado por Zelenski. No obstante, el desarrollo de los acontecimientos varía respecto a la zona: Kiev, por razones obvias, se ha erigido como icono de la resistencia, sin embargo, ciudades de peso como Mariupol o Jarkov han sufrido devastaciones ante la ofensiva rusa. Esto tiene que ver con la concentración de fuerzas ucranianas en determinados puntos, pero también por su ubicación.

Definitivamente, Rusia ha cometido múltiples errores en el plano militar. Desde creer más de lo que debía en su propia fuerza a infravalorar la resistencia ucraniana o el apoyo de Occidente. Asimismo, en los últimos días se ha señalado la posibilidad de un mal asesoramiento militar hacia Putin sobre la decisión de invadir Ucrania. Aquí surge la figura del ministro de Defensa, Sergey Shoigú. Lo cierto es que Putin posee otro bagaje, su historial en las crisis bélicas que ha encarado han mostrado otro tipo de planteamiento, de ahí que se haya señalado la posibilidad de una información errónea tanto sobre la contingencia ucraniana como de las capacidades del propio Ejército ruso. La semana pasada el dirigente ruso sustituyó la cadena de mando responsable de los operativos en Ucrania. Con el nombramiento de Alexánder Dvornikov, con bagaje en Siria, se pretende centralizar el sistema de mando operativo para corregir deficiencias organizativas y optimizar la coordinación de fuerzas.

Sergey Shoigú, ministro de Defensa ruso (F: Wikipedia)

Hasta la fecha, el repliegue ruso alrededor de Kiev se ha visto como el cierre de un capítulo de la batalla. Rusia presumiblemente concentrará sus fuerzas en las zonas con mejor acceso, de ahí que el Ejército ruso mantenga su intensidad ofensiva en Mariupol y otros puntos de la zona meridional y oriental de Ucrania en aras de controlar el mar de Azov, y quién sabe si toda la costa del mar Negro.

No obstante, es tal la diferencia de fuerzas que Rusia aún tiene la capacidad de revertir su mal planteamiento inicial. Para ello necesita corregir los errores táctico-militares y encontrar la fórmula para hacer valer su superioridad aérea. Mientras tanto, la vía del diálogo gana peso lentamente a pesar de que las posturas de ambos contendientes permanecen distantes.

Plano diplomático

Tras una de las últimas sesiones diplomáticas celebradas en Turquía, Rusia informó que reduciría “drásticamente” las actividades militares en las zonas de Kiev y Chernígov. Este es un primer paso en pos de potenciar la vía del diálogo a pesar de que las partes aún se mantienen escépticas. La mesa de negociación avanza, pero aún está muy lejos de dar resultados netos. Al menos se han mostrado las líneas rojas de cada uno, a pesar de que la contienda aún tiene que definir los límites de cada contendiente.

Zelenski ha mostrado su predisposición a aceptar la condición de neutralidad de su país bajo ciertos términos. En esta línea, ha incidido en la idea de renunciar a formar parte de la OTAN, una medida supeditada a la retirada del Ejército ruso, en primera instancia, y al resultado de un referéndum en orden para cambiar la Constitución. Asimismo, para que este plan se lleve a cabo el Ejecutivo ucraniano quiere garantías de seguridad de terceros países mediante acuerdos bilaterales.

Por su parte, Vladimir Putin ha dejado claras tres prioridades:

  1. Impedir la inclusión de Ucrania en la OTAN para evitar la militarización occidental del país. De esta forma, en el imaginario del Kremlin se asegura un espacio defensivo en un flaco fronterizo capital.
  2. Conseguir que se oficialice la anexión de Crimea a Rusia en la corte internacional. Asimismo, aspira a conseguir, cuanto menos, formalizar la independencia de las regiones de Luhansk y Donetsk.
  3. Putin también aspira evitar la entrada de Ucrania en la Unión Europea. Aunque esta cuestión la ve menos amenazadora que la OTAN, también supone un riesgo, en este caso geoeconómico, para la Federación rusa. Putin pretende impedirlo, pero la coyuntura actual deja dudas de que esté en posición de exigirlo.

 

Definitivamente las líneas rojas de Putin se centran en la entrada de Ucrania en la OTAN, la oficialidad de la anexión de Crimea y, probablemente, la independencia del Donbas. A partir de ahí, el resto de cuestiones en disputa están en la balanza de la negociación a merced del devenir de la guerra.

Zelenski se ha mostrado realista en cuanto a la posición geopolítica en la que se encuentra su país, pero tampoco ha perdido la ocasión para marcar sus preferencias: si renuncia a ingresar en la Alianza Atlántica va a exigir unas garantías tipificadas en la corte internacional con países que garanticen su seguridad. Entre éstos destacan Estados Unidos, Francia, Polonia, Israel, Alemania, Reino Unido y Turquía. Además, la condición de Crimea y Donbas es una decisión que Zelenski quiere relegar para más adelante, con la idea de que se revise su estatus en un futuro. Por el momento, la integridad territorial ucraniana es una cuestión que mantiene las posturas distantes.

Marco narrativo

El discurso siempre ha tenido su espacio en los conflictos, sin embargo, hoy la guerra informativa cobra más peso gracias al papel activo que puede llegar a tener cada individuo por la proyección del espectro digital. Es así que en la actualidad, la batalla por el relato dota a las sociedades de un papel multiplicador que marca la dirección de una idea; un poder diferenciador sin precedentes en cuanto a amplitud que tiene como objetivo final imponer el relato propio.

Un componente que está muy ligado a la narrativa de guerra es la motivación de sus contingentes. En este conflicto, mientras los ucranianos saben desde el primer momento por qué luchan, sus homólogos rusos siguen órdenes. La narrativa plasmada por Zelenski ha inflado la moral de su población, mientras que en Rusia parte de su población no entiende la invasión y desconoce qué van a ganar con ella. Este último punto es clave: los ucranianos tienen mucho por lo que combatir. Estos argumentos han sabido canalizarse a través de la amplitud divulgativa que otorgan las redes sociales, amplificando su impacto y eficiencia por las capacidades comunicativas de Zelenski. Prueba de tal eficiencia es que el relato de la guerra ha sido capaz de superar las fracturas sociales, tanto lingüística como étnicamente, que el país acopia desde hace décadas. Se ha conseguido casar una idea (luchar por el país) a un mensaje (la resistencia) que aglomera a facciones sociales distantes en la misma dirección, en un contexto tan radical como la guerra, demostrando el grado de elaboración y calidad narrativa.

El presidente ucraniano, Zelenski se dirige al Parlamento británico (F: Wikipedia)

El propio presidente ucraniano ha sacado máximo partido de sus facetas de comunicador. La contundencia del mensaje se ve amplificado por las cualidades del líder para trasmitir. Hearts and minds: las dotes de comunicación en la guerra pueden resultar un elemento diferencial, más aún hoy, cuando las sociedades tienen mayor incidencia en las dinámicas políticas. En este sentido, Ucrania le ha ganado la batalla narrativa a su rival desde el principio, con mensajes que alcanzan unos niveles de motivación social que revisten la causa por la que se combate.

Desde Rusia, el Kremlin ha creado una corriente narrativa que pretende justificar la invasión. De hecho, ha alimentado ese discurso durante años. La matriz del mensaje señala la tendencia de ultraderecha en diversos estratos sociales y militares, que pregona la discriminación de la población rusófana de Ucrania. Moscú ha querido explotar la existencia de una corriente neonazi en determinados estratos de Ucrania – encarnado supuestamente en el grupo paramiltar Batallón Azov– para dar razón al despliegue militar. El discurso ruso se basa en la defensa de la lengua y etnia hermana, en supuesto riesgo por las corrientes de ultraderecha, de ahí las proclamaciones de “desnazificar” Ucrania en los discursos de Vladimir Putin.

 Espectro geopolítico

En clave geopolítica, el conflicto en Ucrania responde a principalmente a dos puntos: el primero sobre el valor defensivo del espacio que ocupa Ucrania en la mentalidad política rusa; y el segundo versa sobre el valor del mar Negro. Este espacio proporciona salida al mar Mediterráneo a buques rusos, es decir, a aguas cálidas. Además, conecta la periferia estratégica de Rusia como son el Cáucaso, Oriente Medio y Europa del Este. Por tanto, bajo esta premisa, Rusia ve perentorio impedir que la Alianza Atlántica aumente su presencia en este mar – cómo sucedería si Ucrania accediera a la OTAN – en la que ya están presentes a través de Turquía, Rumania y Bulgaria.

Por eso mismo, las fuerzas rusas se han concentrado en últimas fechas en el frente meridional, comenzando por la región de Jerson y Mariúpol que da acceso –y control – al mar de Azov. La península de Crimea es eje geoestratégico para el control de este espacio, un enclave histórico al que Rusia siempre ha considerado de gran valor. De ahí el activo que representa la base militar que tiene en Sebastapol.

Tras la firma de la solicitud de adhesión a la UE: Stefanchuk, presidente de la Rada Suprema, Volodimir Zelenski, el presidente del país, y el primer ministro, Shmyhal el 28 de febrero de 2022.

Asimismo, en el marco geopolítico que involucra a la crisis en Ucrania hay que distinguir las dimensiones de escenarios solapados: el regional, entre Europa y Rusia con la interdependencia de energía y capital entre ambos actores; el golpe de realidad sobre la soberanía estratégica europea y; a escala global, la dirección que está tomando el orden internacional a raíz del equilibrio de fuerzas entre potencias globales. Las consecuencias de la crisis en Ucrania puede conducir a Rusia a recurrir a China de tal forma que acabe con una dependencia irreversible, un hecho que condicionaría el futuro del orden global.

 Impacto económico: sanciones a Rusia

La Federación rusa comenzó a tomar medidas para proteger su economía incluso antes de invadir Ucrania. Recortó su deuda externa, incrementó las reservas de divisas y oro y, de forma más limitada, dio pasos para disminuir su dependencia del capital europeo por su energía. En este aspecto, se erige el papel de China como principal alternativa a los mercados europeos. No obstante, el entramado comercial entre Rusia y el Viejo Continente es fruto de necesidades e historia, y China está muy lejos de poder sustituir tal volumen de negocio. Además, la diferencia en infraestructura energética dificulta – especialmente a corto plazo – que la República Popular pueda suplir como principal cliente energético a la Unión Europea.

Las sanciones son eje del marco económico de este conflicto. Las medidas comenzaron siendo generales y moderadas, pero a medida que el conflicto se recrudecía Occidente fue incrementando la contundencia de las sanciones y apuntando a sectores más concretos: el ataque a las posesiones del círculo de oligarcas más próximo a Putin, y especialmente las medidas al sector financiero con la congelación de activos del Banco Central de Rusia en centros financieros de Europa y Estados Unidos, la exclusión de bancos rusos del sistema SWIFT o las limitaciones de exportaciones a Rusia de tecnología son acciones destinadas a limitar y yugular a Rusia en el medio y largo plazo. Estas medidas en su máxima escala pueden aislar a Rusia del sistema financiero internacional y evidentemente, dañar su economía drásticamente. Se calcula que el PIB en 2022 puede llegar a caer entre un 10%-15%. También se vaticina una inflación importante, sin embargo, el mayor impacto de las sanciones son sus consecuencias a largo plazo. El efecto en las estructuras del Estado condicionará la línea de flotación económica, afectando a los flujos comerciales y al desarrollo de sectores estratégicos del país como la industria armamentística y el entramado energético.

China puede minimizar hasta cierto punto el daño, pero entre ambos países no existe la infraestructura mercantil para llevar a cabo el trasvase comercial de Europa a China. De todos modos, este paso incrementaría la dependencia con la potencia asiática hasta el punto de limitar la capacidad geopolítica que Rusia tanto valora.

En el caso de Ucrania, es una nación invadida; ahora su prioridad es mantener el control central del país. Zelenski sabe que tiene el apoyo público e indirecto de Occidente, que le ha ayudado a dar resistencia a Rusia y cuenta con que recibirá ayuda en la reconstrucción del país en el momento que acabe el conflicto, más aún si finalmente ingresa en la Unión Europea.

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Rusia es un actor global pero, a diferencia de Estados Unidos y China, no tiene la capacidad para dar continuidad a los recursos de los que dispone. Como nación histórica, nuclear y con derecho de veto, la Federación rusa tiene proyección a escala planetaria y goza de la autonomía estratégica propia de una potencia, sin embargo, no puede confundir el tener los atributos con saber cuánto y cómo usarlos. De ahí el riesgo de que los fines sobrepasen a los medios. El posible error de cálculo del Kremlin en Ucrania.

Maniobras militares rusas desde el inicio de la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero (F: Wikpedia)

Rusia ha demostrado su defectuosa fuerza, pero también la ha dejado patente. El poder de disuasión del Kremlin ha dejado huella a pesar de la factura que va a tener que pagar en el futuro cercano. El kremlin sabe usar las armas que tiene a su disposición, aunque sean limitadas; la estrategia híbrida que ha desplegado durante años es una evidencia clara. Por eso sorprende la invasión de Ucrania: Rusia había ganado peso geopolítico en la última década gracias a una ejecución precisa, coordinada y relativamente sutil de sus recursos. En el futuro se podrá analizar los papeles que habrán jugado el orbe militar y los servicios de Inteligencia en capítulo sobre la invasión de Ucrania.

Del lado ucraniano, es fundamental que el Gobierno de Zelenski no caiga. En últimas fechas la guerra se ha alejado de Kiev, pero aún existe la posibilidad de un contraataque que ponga en riesgo al Ejecutivo. Zelenski representa al Estado y a la resistencia ucraniana, da esperanza de futuro en país en tiempos de guerra; su presencia recuerda que hay Estado. En Occidente también son conscientes del peso del líder. No obstante, otorgar tanto peso a una figura tiene sus ventajas y sus riesgos, y aún así, Ucrania ha sabido hilar diestramente la causa de la resistencia con las cualidades de su dirigente. Así es que la figura de Zelenski se ha erigido como la mayor fortaleza de una idea que hasta hoy aguanta la invasión rusa.

El hecho de que Ucrania haya resistido los ataques rusos y Zelenski mantenga su cargo le otorga una victoria en mayúsculas. Si la retirada de Kiev es definitiva Putin estaría aceptando una derrota de gran peso simbólico. Un simbolismo que en la guerra es fundamental, más aún en el momento y lugar adecuado; además, el factor humano está demostrando ser diferencial. Zelenski encarna todo ello.

La retirada de Kiev y la concentración de su fuerza en el Donbas es una declaración de intenciones para la mesa de negociación: el Kremlin está marcando sus prioridades. A partir de ahí, está por ver qué planes tiene sobre toda la costa del mar Negro: desde Mariupol hasta Odesa. Este espacio acopia primordial valor estratégico para Putin. El Kremlin ha cambiado varios aspectos de su planteamiento inicial. En un principio su prioridad era deponer al Gobierno ucraniano; hoy busca el desgaste mediante destrucción. Moscú es consciente del precio que va a pagar por sus decisiones, pero sabe que aún puede salir de la guerra con alguna victoria táctica. De hecho, extendiendo el conflicto, Putin quiere llevar el factor humano y su desgaste a la mesa de negociación para marcar él los tiempos, de tal forma que pueda dar más valor a lo que ha conquistado que a lo que no ha podido conquistar. La oficialidad de Crimea, la independencia del Donbas y control del Mar de Azov son posibles victorias tácticas; también el valor estratégico de evitar que Ucrania se una a la Alianza Atlántica. Un triunfo de este calibre permitiría a Putin aceptar la paz, minimizar su desgaste político y justificar a su población tanto el coste de la guerra como sus consecuencias. El siguiente paso sería la cuestión de las sanciones, bastante más complejo.

Por ahora, Zelenski no acepta términos definitivos. Sin embargo, Putin va a poner en una situación a su homólogo ucraniano en la que va a tener que decidir ceder territorio o verse abogado a una guerra de desgaste cuyo coste en vidas humanas irá mermando a su gente y destruyendo el país, dejando sin otra salida que las concesiones territoriales. Más ahora que se ha entrado en una fase del conflicto en la que hay más destrucción que conquista.

Ucrania resiste y eso es una victoria. Dicho esto, Kiev difícilmente tiene la capacidad para reconquistar el país por la fuerza. La vía diplomática es el recurso más viable, aunque también complejo. El aval que tiene Zelenski es su renuncia a la entrada en la OTAN – no se sabe si también estaría dispuesto a renunciar a la Unión –, pero incluso con esta baza recuperar todo el territorio ucraniano se asemeja un imposible. Aquí Occidente puede presionar con las sanciones. No obstante, si Vladimir Putin se ha arriesgado a la invasión es porque está dispuesto a ganar algo de gran valor estratégico que compense sus consecuencias: OTAN-Crimea-Donbas.

Bajo estos términos, un escenario probable puede ser ver a Ucrania cumplir con su función geopolítica y servir de espacio desmilitarizado entre dos fuerzas nucleares – OTAN y Rusia –, pero con la garantía de firmar contratos bilaterales de seguridad. Mientras, Rusia conservará su poder de disuasión a cambio de un precio altísimo. Definitivamente, el grado de las sanciones occidentales contra Rusia y el respaldo económico y de seguridad a Ucrania marcarán el futuro de estos dos países.

 


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica

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