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Los conflictos bélicos de hoy. Cómo atender a la dimensión híbrida de la guerra

Conflictos Bélicos Contemporáneos

Las guerras como la Historia las conoce son más un fenómeno de ayer; hoy los conflictos armados son la patente bélica de nuestro tiempo. Estos han encontrado nuevos formatos y vías para proyectar su cosmovisión, especialmente el enemigo del siglo XXI, el terrorismo yihadista.

Adherido a la evolución civil y tecnológica, los escenarios bélicos actuales presentan un orgánico componente social derivado de la globalización que hace de las masas actores directamente partícipes. Los grupos no estatales, en referencia a los grupo terroristas, han desarrollado una multifuncionalidad que abarca diversas esferas de influencia diseñadas para dañar y desestabilizar gobiernos a través de la sensibilidad de las sociedades. Estos grupos, representantes de la guerra asimétrica, aprovechan el poder de las redes de comunicación presentes en nuestra rutina para usar a la pléyade como intermediario de su mensaje. Precisamente por este tipo de guerras es necesario la elaboración de una conciencia social capaz de desglosar las variables de conflicto, saber encontrar sus vínculos de causa y efecto, y con ello poder evitar caer en el objeto propagandístico del terrorismo.

Su objetivo no es destruir, sino herir y atemorizar; ganar la guerra psicológica. El último exponente de este tipo de escenario ha sido el autoproclamado Estado Islámico (ISIS). Su despliegue propagandístico consiguió atraer a miles de combatientes de distintos países a la causa del Califato. Su acierto en dotar de un contexto global al conflicto demostró su capacidad de simbiosis con los elementos de la globalización, respaldado sobre el terreno por los resultados del metabolismo plástico de su táctica. ISIS alcanzó su influencia ecuménica gracias su arquitectura propagandística, impulsado por sus propias plataformas de información. Hasta junio de 2017 el grupo fundamentalista había emitido 2.880 videos, 32.140 piezas gráficas y 4.540 comunicados escritos; el ISIS ha llegado a crear hasta 46 agencias de información.

El acierto del ISIS en dotar de un contexto global al conflicto demostró su capacidad de simbiosis con los elementos de la globalización.

El acierto del ISIS en dotar de un contexto global al conflicto demostró su capacidad de simbiosis con los elementos de la globalización.

La globalización y los conflictos híbridos

Los grupos no estatales son la representación de guerra híbrida, un tipo de conflicto discontinuo de baja intensidad, que emplea el tiempo como baza estratégica. Como menciona Juan Jose Oña, Doctor en Historia y Director del Master Experto en Conflictos Bélicos Contemporáneos, tal escenario ya se vio desde las guerras coloniales, pero la combinación de fuerzas convencionales con alternancia de tácticas y el uso elementos tecnológicos ajenos en un principio a la contienda han configurado una tipo de guerra volátil y heterogénea.

Antaño la distancia anulaba la fuerza y el espacio contrarrestaba al poder militar; hoy la preponderancia en la tecnología es capaz de sortear los elementos que antes eran elencos ineludibles en la táctica bélica. La globalización ha distorsionado los espacios y gracias a las capacidades de comunicación cada individuo acapara una influencia nunca antes tan determinante. Ante este desequilibrio en recursos, los grupos insurgentes han desarrollado un tipo de guerra con una táctica.

Implicación de la población

En épocas pretéritas la pléyade era objeto de la propaganda tanto interna como enemiga; hoy su papel se extiende a agentes informativos partícipes — no solo receptores — de la propia red mediática. Los conflictos de este siglo, el terrorismo yihadista, se nutren de ello. Solo hay que atender al atentado de Barcelona del pasado agosto, cuando en las redes y medios circulaban vídeos, fotos e historias que más tarde, en muchos casos, se probaron falsas, pero que demostraron la implicación indirecta que puede llegar a tener la población en la meta terrorista.

Por su parte, los Estados han vertebrado sus arquitecturas de guerra a partir del potencial ilimitado de la máquinas. El binomio humano-máquina ha marcado el devenir y las edades de la guerra. En las últimas décadas el peso de las inversiones se encuentra en la tecnología, una decisión que ha limitado en gran medida las bajas humanas — ejemplo de ello fue la invasión de Afganistán en 2001, que se saldó con 30 bajas estadounidenses por 10.000 de los talibán — pero que también ha supuesto un coste en Defensa constante y elevado. Este tipo de despliegue deriva de la Revolución de Asuntos Militares (RMA), que pivota en torno a tres elementos tecnológicos: sensores, sistemas de comunicación y armamento.

Esta última versión de la guerra abarca un espacio integral. A tierra, mar y aire se han sumado las dimensiones de espacio y ciberespacio; esta última presume de ser el tablero infinito de guerra del presente siglo. Amén de la ventaja tecnológica, los Estados pretenden hacer resaltar su fuerza de forma contundente y rápida, por ello, los actores no estatales, hoy exponentes de la guerra asimétrica, maquinan el tiempo como baza estratégica: para ellos mantenerse en la lucha supone una victoria; son conocedores de que la presión popular en esos Estados puede ser aliado en una guerra prolongada. Un ejemplo de ello es Hezbollah, órgano paralelo al Estado libanés cuyo brazo armado ha resistido la fuerza israelí durante décadas, además ha desplegado una influencia social y política, prueba de la evolución híbrida de los conflictos de hoy.

Los conflictos armados ya no ponderan únicamente sobre la bota castrense. A expensas de la globalización el mundo civil comparte estratos con las guerras de hoy. Esto convierte a cada civilización en objeto de uso propagandístico y operativo; los terroristas lo saben porque tiene la misma procedencia. Los conflictos han dejado de ser monopolio de los Estados; grupos insurgentes son capaces de hacer la guerra gracias al dinamismo y a la movilización global. El origen del terrorismo yihadista impulsa una nomenclatura bélica más social, dado que es el vehículo que realmente hace global este tipo de guerras. Por tanto, dada la inexorable implicación de las sociedades en este formato híbrido, se debe potenciar la conciencia social como respuesta al efecto popular que el terrorismo busca en cada uno de sus actos. Por tanto, si las masas son conscientes para no entrar en el proceso mediático del terrorismo, su impacto y efecto se yugulará.

La bota castrense debe reformularse, seguir mejorando su tecnología, pero sin desatender el primer y último elemento de la guerra, que es el factor humano.

La bota castrense debe reformularse, seguir mejorando su tecnología, pero sin desatender el primer y último elemento de la guerra, que es el factor humano.

Nos dirigimos a un mundo de conflictos intermitentes e inconclusos, capaces de desgastar al mundo y a sus sociedades por su disposición estratégica del tiempo. El perfil de estos conflictos supone una estrategia de baja intensidad pero de alta frecuencia. Adalid de estas características la bota castrense debe reformularse, seguir mejorando su tecnología pero sin desatender el primer y último elemento de la guerra que es el factor humano. El coste y la exigencia de este tipo de guerra va a exigir menos grupo humano pero más tecnificado, mutable y con capacidad mixta para responder a la versatilidad del modus operandi bélico de los órganos no estatales de hoy.


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica

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