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Una idea para la arquitectura de seguridad europea

Una idea para la arquitectura de seguridad europea

Los líderes mundiales son conscientes de que el terrorismo, como amenaza global que es, debe encararse de forma conjunta; Europea exige lo mismo en la Unión. Aún si ya se han llevado a cabo políticas en competencias de seguridad la creación de una policía federal europea representaría un paso más en la evolución europeísta.

Uno de los obstáculos reside en que cualquier tipo de proyecto para crear una órgano policial europeo podría implicar contradicciones en el reparto de poderes y funciones por tratar implementar medidas federales entre países que no configuran una entidad como tal – como sí sucede en Estados Unidos con el FBI -. Asimismo, supone una apuesta arriesgada para cualquier Gobierno que defienda un proyecto europeísta que cede soberanía de la nación.

El exponente que más se puede acercar a esta idea es el Centro Europeo Contra el Terrorismo (ECTC), que si bien carece de capacidad operativa sí centraliza la información y mejora el intercambio de ésta en aras de facilitar la coordinación operativa entre los órganos comunitarios pertinentes. Creado en enero de 2016 tras la concatenación de atentados en las capitales europeas, y bajo parapeto de la EUROPOL, este organismo recopila datos y cumple con la labor de análisis y vértice informativo entre órganos de seguridad. Se trata de una agencia de información y análisis, pero sin potestad para ejecutar acciones contraterroristas de forma independiente.

Actualmente el control fronterizo se ha convertido en una medida prioritaria contra el retorno de combatientes entre la ola de refugiados; para ello es necesaria una información compartida a través de una base de datos de acceso conjunto y de registro de huellas dactilares. Por tanto, tal sistema debe cumplir con el intercambio de información de perfiles a través una base de acceso europeo. Una cooperación policial y judicial, y un protocolo conjunto en el control de fronteras – bajo control de FRONTEX, agencia responsable de los bordes estatales – gana en eficiencia en la labor contraterrorista. No obstante, estas medida encierran polémica por la disonancia entre las leyes nacionales y europeas. A pesar de que la información ya es material compartido en la ejecución de materia de seguridad, un órgano como la policía federal europea implicaría un reajuste vertebral de cada sistema nacional.

Cuando a Rob Wainright, director de EUROPOL, le preguntaron el pasado mayo por la creación de un ente europeo similar al FBI estadounidense, este contestó: “Vivimos en diferentes escenarios. De hecho, el Tratado de Lisboa de la UE deja muy claro que un cuerpo policial europeo no tendrá poderes coactivos. Esta es una línea roja del principio político, ya que no vivimos en un único país europeo. Por tanto tenemos que trabajar en esa plataforma interconectando las naciones. Es lo que hacemos en la EUROPOL. Para el futuro, puede ser, tenemos que ver el progreso y la inversión en nuevas capacidades y poderes. Por el momento no hay perspectiva de un FBI europeo.”

Aún si los países de la Unión ya han coordinado la legislación monetaria o la circulación transfronteriza, la cesión en materia de seguridad entraña aspectos más quirúrgicos en la soberanía de cada nación. Desarrollar un proyecto que permita optimizar unos recursos a través de Europa es preciso, pero no a costa de solapar capacidades y funciones a los organismos de seguridad nacionales.

Por ahora la respuesta de la Unión Europea ha sido la de potenciar las capacidades de las agencias nacionales en su acción y colaboración contra el terrorismo. La realidad de esta idea de crear una fuerza del orden común en el Viejo Continente pone de relieve la virtualidad del federalismo europeo.


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica

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