LEYENDO

El Cáucaso, un enclave cotizado en los confines de...

El Cáucaso, un enclave cotizado en los confines de Europa

Es difícil concretar si es Europa o Asia. Se trata de una región que alberga a una constelación de pueblos de diferente origen, que profesan diferente religión y con idiomas de alfabeto propio. Todo esto dá pistas de tratarse de un punto geográfico particular con una historia definida por ser cruce de caminos; ahí la complejidad de incluir al Cáucaso como parte de Europa o de Asia. El clima y la orografía son también característicos, así como su especial ubicación entre el mar Caspio y el mar Negro, y su encaje entre Oriente Medio y la masa euroasiática. Un espacio que ha sentido los avatares de los imperios persa, otomano y ruso es hoy un enclave geopolítico al alza, nodo logístico con amplia capacidad de crecimiento en su flujo. Su importancia estratégica siempre ha estado presente, pero el contexto de la guerra en Ucrania apunta al Cáucaso como alternativa a las cadenas de suministro y fuentes desde Rusia, hasta ahora prioritarias.

La diversidad cultural y lingüística es un rasgo distintivo del Cáucaso (Fuente: Wikimedia)

La ubicación otorga al Cáucaso un valor estratégico por el que hoy diferentes actores, a distinta escala, aspiran a ver incrementado. Una región que, a raíz del conflicto entre Ucrania y Rusia, puede derivar en espacio de tránsito preferente en los próximos años. Ante una realidad geopolítica en la cual las cadenas de suministros acopian un valor mayúsculo, el Cáucaso reúne las condiciones para ver incrementada su infraestructura, ya que presenta varias alternativas logísticas. Si esto confirmara, el nuevo peso geopolítico del Cáucaso podría alterar el orden de fuerzas internacional.

Rusia

Es la primera potencia en torno al Cáucaso. Su legado soviético queda patente en los países de la zona. Un ejemplo es el ruso, idioma que mantiene su presencia en las sociedades de las naciones caucásicas. A esto hay que sumar la infraestructura económica-comercial entre la República Federal y estos países. Este último es un factor que condiciona las políticas económicas de cualquier Gobierno de Tiflis, Ereván y Bakú. Es así que, tras la desintegración de la URSS, Moscú continuó considerando al Cáucaso como zona de influencia propia Una región que, además, separa el mar Muerto y el mar Caspio, dos espacios capitales en clave defensiva y logística para Rusia. Por tanto, cualquier pérdida de poder supondría un golpe a su línea de flotación geopolítica.

Gracias a su historia compartida, Moscú tiene mayor facilidad para mantener incidencia en todos los países caucásicos. Su papel como mediador – también como proveedor de armas – en el conflicto de Nagorno Karabaj o su apoyo a los separatistas de Abjasia y Osetia del Sur prueba su profundidad de alcance en la región en su rol de primera potencia. No obstante, sus políticas erráticas y contradictorias han dejado focos de tensión inconclusos, un contexto en el que el Kremlin ha salido beneficiado por la dependencia que genera en estas naciones hacia Rusia. Sin embargo, este planteamiento se ha ido desgastando y los países están empezando a encontrar alternativas. Actualmente, Georgia se esfuerza por afirmar su transición hacia Europa, mientras que Azerbaiyán ha demostrado que el poder económico le permite una flexibilidad política capaz de actuar más allá de la órbita de rusa.

 Georgia

Es la ventana del Cáucaso hacia Europa. Acopia una incidencia geopolítica mucho mayor de lo que su PIB o su posición internacional exhiben. A pesar de su limitada economía y escasa infraestructura, es un espacio fundamental para el tránsito de mercancías e hidrocarburos hacia el Viejo Continente. De hecho, representa un valor todavía más especial para las otras dos naciones del Cáucaso Sur: Azerbaiyán y Armenia, al estar enfrentadas, requieren de las fronteras que comparten con Georgia para maximizar su comercio. No obstante, Tiflis también debe encarar sus problemas sobre las cuestiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, que cuentan con el respaldo de Moscú.

Es necesario el espacio georgiano para el flujo de energía de Asia a Europa. La importancia del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan es prueba de ello (Fuente: Wikimedia)

El Gobierno georgiano es consciente de que no puede desligarse de Rusia por múltiples razones estructurales, sin embargo, ello no le ha impedido ampliar sus lazos económicos con la UE y dar pasos hacia una mayor cooperación en materia de defensa con la OTAN. Tiflis sabe que Moscú tiene la llave para avanzar en lo que concierne a Osetia del Sur y Abjasia, un tema que es una rémora política para formalizar su giro hacia Occidente. Esto no ha impedido que el Ejecutivo georgiano quiera demostrar su seriedad en el teatro internacional cumpliendo con su papel de socio fiable y resolutivo. Amén de tal perspectiva, Georgia es la única nación del Cáucaso que ha firmado el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.

El papel de Georgia, como ya se ha mencionado, es mucho más importante de lo que a primera vista puede parecer. Su territorio como espacio de tránsito le otorga un papel fundamental como enlace entre Asia y Europa, dado que entre Azerbaiyán y Turquía está Armenia, cuyas fronteras con estos países permanecen cerradas. Esta realidad se sucede en clave regional, ya que tanto para Azerbaiyán como para Armenia el territorio georgiano supone el mayor salvoconducto: Armenia conecta con Rusia a través de Georgia y Azerbaiyán hace lo propio con Turquía. La otra opción es el corredor Zangezur que permite la conexión entre Azerbaiyán y la región de Najichevan, pero la viabilidad de esta ruta está a merced de las relaciones con Armenia, por lo que carece de estabilidad para considerarla canal principal.

Por otro lado, las relaciones comerciales entre Georgia y Rusia muestran una realidad económica muy alejada (de gran parte) de la voluntad social y política. La potencia eurasiática es el segundo mayor socio comercial de Georgia, una realidad que atendiendo a las transacciones entre países hace poco viable cualquier tipo de maniobra radical hacia Europa a corto plazo, debido a que la infraestructura económica aún se dirige a Moscú.

Azerbaiyán

Es el país con mayor proyección del Cáucaso. Atesora recursos energéticos que exportar – a diferencia de sus vecinos caucásicos – y una posición privilegiada hacia el mar Caspio que le conecta con Asia Central, convirtiendo a esta nación en un nodo logístico todavía de mayor trascendencia.

No obstante, el auge de esta nación no se reduce a sus recursos naturales, sino también a su despliegue diplomático y su consecuente red de alianzas, gracias a las cuales ha podido crecer en sus prerrogativas. El Gobierno azerbaiyano conserva una relación fluida con Rusia a pesar de que ha conseguido reducir su dependencia; Turquía es el mayor aliado de Azerbaiyán, cuyos vínculos en diversas esferas estratégicas suponen un beneficio económico y geopolítico para ambas; Israel ha probado ser un gran socio comercial, concretamente en materia de seguridad y defensa; mientras que Irán es la nación con la que las relaciones se han visto más deterioradas a raíz de las políticas de Bakú con Tel Aviv.

La hábil inversión en sectores estratégicos ha permitido a Azerbaiyán distinguirse en el mapa regional. El mayor ejemplo es la guerra que libra el país azerí por Nagorno Karabaj contra Armenia, cuyo último episodio en 2020 dejó patente el grado de desarrollo militar. Asimismo, la capacidad financiera le otorga un crecimiento constante y definido que le distingue de sus vecinos. Además de hacer valer su capacidad económica, hay que dar crédito a la triangulación diplomática que el país azerí ha conseguido configurar. Su política exterior ha sabido contentar a Rusia, aumentar sus negocios con Europa y potenciar su papel como actor geopolítico regional con Turquía a su lado. Ésto ha sido columna vertebral de la proyección de Azerbaiyán.

El balance estratégico de Azerbaiyán entre Oriente y Occidente casa con su posición en el mapa y su infraestructura energética, así como su relación con países circundantes como Turquía y Georgia al oeste o Asia Central a través del mar Caspio al este. Se trata de un país que la Historia le ha enseñado a gestionar su centralidad geográfica y que, ahora en el siglo XXI con la posibilidad de ejecutar una política más independiente, ha sabido explotar tales condiciones en su política exterior. Azerbaiyán, con su salida al mar Caspio y su infraestructura en materia energética, es la nación que mejor define el valor del Cáucaso.

Armenia

Este país se encuentra en una situación precaria. La última guerra que libró por Nagorno Karabaj en 2020 mostró sus carencias y, como resultado,  perdió territorios bajo su control durante tres décadas. De hecho, el alto el fuego alcanzado impidió que las pérdidas de Armenia fueran mayores y, con la implicación de Moscú, se trazó un marco diplomático capaz, por el momento, de detener el avance azerbaiyano.

Los líderes de Rusia y Armenia, Vladimir Putin y Nikol Pashinyan en un encuentro en 2018 (Fuente: Wikimedia)

Más allá de su derrota en la guerra, Armenia vive una situación delicada. Las fronteras que comparte con Turquía y Azerbaiyán están cerradas, un factor que condiciona notablemente su desarrollo logístico, económico y en clave de seguridad. Asimismo, su economía tiene unas bases propias insuficientes, lo que hacen del país dependiente de Rusia y del capital exterior, especialmente del procedente de la diáspora.

En su momento, la UE dio pasos hacia una política de acercamiento a Ereván, pero finalmente el Gobierno armenio se decantó por afianzar su seguridad y economía en torno a Moscú, al que ven como un aliado más dispuesto a auxiliarle en caso de necesidad. Esta perspectiva está condicionada por los últimos capítulos de la guerra de Nagorno Karabaj, en los que Armenia se ha visto superada y que la han llevado a depositar en Rusia prácticamente todas sus opciones.

A ello hay que sumar el contexto internacional. El desarrollo de los sucesos en Abjasia y Osetia del sur en 2008, la anexión unilateral de Crimea en 2014 y la implicación rusa a partir de Siria en 2015, iniciaron la tensión irreversible del orbe occidental hacia Moscú, provocando que países como Armenia vieran limitado el alcance de su política exterior. Con el temor de verse superado por Azerbaiyán y percibir en riesgo su soberanía, Erevan se decantó por Rusia a pesar de que el líder armenio, en sus primeros tiempos en el cargo, se planteara un acercamiento a Europa. Precisamente por ello, en la última década, Armonía ha visto limitada su flexibilidad diplomática al verse en la tesitura de elegir entre Rusia y Europa.

Turquía

El país externo al Cáucaso que más ha incrementado su presencia en la zona. Bajo la política de hermandad con Azerbaiyán, Ankara ha conseguido ampliar su proyección hacia el este, incluso más allá del Cáucaso, con la intención de aumentar también su presencia en Asia Central.

La alianza de Turquía con Azerbaiyán ha supuesto la amplitud de oportunidades y la mejora de la posición geopolítica para ambos: Ankara ha ganado un proveedor energético fiable y una vía para reafirmar su influencia en el Cáucaso; mientras que Azerbaiyán se ha asegurado el respaldo de una potencia regional que le ha ayudado a evolucionar en ámbitos estratégicos como la economía o la defensa.

Este binomio puede resultar fundamental en el futuro del Cáucaso, dada la proyección de ambas naciones y la coyuntura actual de otros actores presentes en la región, como Rusia o Irán. Además, ambas naciones túrquicas conforman, junto a Georgia, la vía de tránsito energético de Asia Central a Europa. La inauguración del gaseoducto Transanatolio (TANAP) en 2018 representa un gran activo geopolítico para ambas naciones y otorga a Bakú y a Ankara un canal de presión en caso de necesidad.

Irán

El hermetismo que rodea al país persa dificulta medir su contexto actual en la región. Las sanciones económicas con las que vive la nación y los recientes levantamientos sociales incitan a pensar que Teherán tendrá pocos argumentos para incidir en la medida deseada en el Cáucaso. En los últimos años la República Islámica ha intentado hacer valer su posición dando alternativas a Armenia en aras de presionar a Azerbaiyán como contrapeso de la comunidad azerí en Irán, que supone un canal de influencia a favor de Bakú. Sin embargo, el tema que más tensa la relación es el acercamiento de Azerbaiyán a Israel, un vínculo que representa una amenaza estratégica para Irán.

Empero, Irán guarda mayor interés en Oriente Medio que en el Cáucaso, su cristalizada influencia en Iraq, Líbano y Siria así lo acredita. A pesar de ello, es consciente que no puede descuidar su flanco septentrional (Cáucaso y mar Caspio), ya que la expansión del binomio Ankara-Bakú, con la posibilidad de Israel alentando esta alianza, representa un riesgo demasiado elevado. Por tanto, a la República Islámica le interesa que Rusia mantenga su posición de fuerza, de tal forma que contenga la proyección de las naciones túrquicas. Se trata de un escenario complejo, dado que tanto Rusia como Irán son dos de las naciones denostadas en la corte internacional castigadas por las sanciones y cuya red de alianzas es limitada.

Comunidad azerí en territorio iraní (fuente: wikiemdia)

Sin embargo, por menesteres de la geopolítica, todos los intereses que se contraponen en el Cáucaso se ven alineados en Siria, un teatro bélico en el cual Turquía, Rusia e Irán comparten perspectivas. Atendiendo a la apuesta de estas naciones por el régimen de Damasco, es poco probable que las divergencias en el Cáucaso dinamiten las políticas en el país árabe; la inversión en la nación árabe de todas ellas hace poco viable que el Cáucaso sea un motivo de una disputa.

Tierra entre mares: Caspio y Negro

Los dos mares a los flancos del Cáucaso son otro elemento que aumenta el valor de la región. Las dos masas de agua multiplican las vías de tránsito de la zona: el mar Caspio conecta con Asia Central y el mar Negro con el Mediterráneo y Europa.

El mar Negro tiene unas connotaciones políticas y defensivas, amén de que sus aguas lindan con territorio de la OTAN y de la Unión Europea. El control por este mar ha sido una de las razones que ha llevado a Rusia a invadir Ucrania: la península de Crimea y la salida al Mediterráneo son puntos prioritarios en el pensamiento geoestratégico ruso. Además, también representa una vía de tránsito que requiere de menos infraestructura e inversión que los ductos que cruzan un abanico de países para transportar hidrocarburos hacia Europa.

El Mar Caspio acopia otras características. En primer lugar posee grandes recursos naturales, pero sobre todo, es un punto de intersección entre el Cáucaso y la estepa de Asia Central. Esta realidad le da una importancia de futuro capital, debido al riesgo que representa la disfunción de las cadenas de suministro clásicas para la economía mundial.  Ya existe cierta infraestructura, no obstante, este mar tiene a Rusia como mayor fuerza militar y a Irán como otro actor importante, lo que complica cualquier maniobra para invertir con vistas a amplificar su capacidad logística.

La partida geopolítica del Cáucaso

El Cáucaso es un espacio con valor geopolítico en alza al tener la posibilidad de ser una alternativa energética para Europa. Su ubicación en el mapa le concede gran potencial en términos logísticos: el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) y el gaseoducto del Cáucaso Sur (SCP) son la principal infraestructura actual que conecta con Europa, demostrando que su incidencia es una realidad, y dejando entrever el potencial que alberga. No obstante, antes se deben estabilizar ciertos focos de tensión regionales y asegurar que las disputas de poder entre actores se limite a intereses meramente geoeconómicos, sin riesgo a derivar en una guerra abierta. Sin embargo, con Rusia como primera potencia en la zona la posibilidad de guerra no desaparece; se confirmó el pasado 24 de febrero.

Otra de las claves para la estabilidad del Cáucaso es la relación entre Bakú y Moscú. Los vínculos entre países están marcados por la historia soviética compartida. Ya como países independientes, las dos dirigencias – ambas de corte personalista – han mantenido durante décadas unas relaciones fructíferas y cercanas. Hoy, no obstante, Bakú está acrecentando su peso en la región como exportador y eje energético sin alinearse categóricamente con nadie a excepción de Turquía. Sus lazos con Rusia son complejos por el contexto, sin embargo, ha sido capaz de bascular sus relaciones: sabe que no puede dar la espalda a Moscú como potencia vecina, pero tampoco mantiene una dependencia estratégica que le impida aumentar vínculos comerciales con Occidente, como así concretó el pasado verano.

Gaseoducto Transanatolio inaugurado en 2018 (TANAP) (F: Wikimedia)

Aquí también tiene que ver Turquía, que debe ponderar con Rusia sus intereses en el norte de Siria y su proyección en el Cáucaso junto a Azerbaiyán. El futuro en este último enclave estará marcado por las dinámicas de poder: cómo pueda mantener Rusia su papel como máxima potencia de la zona ante la proyección del binomio turco-azerbaiyano marcará el grado de estabilidad. La relación entre Rusia y Turquía es fluida, especialmente por la afinidad entre sus líderes, pero las ambiciones de Ankara y Bakú pueden deteriorar este talante político.

Ante esta coyuntura, los próximos capítulos que se vivan Nagorno Karabaj puede servir de medidor del orden de fuerzas. El conflicto que desestabiliza este territorio tiene a Rusia como principal mediador, que mantiene tropas en el enclave para asegurar el alto el fuego decretado en 2020. Aun así, la superioridad militar demostrada por Azerbaiyán es una amenaza a la coyuntura actual, ya que no se ha alcanzado una solución definitiva. El tiempo no está favor de Armenia, ya que su debilidad es conocida por todos y sólo cuenta con el parapeto ruso. Por tanto, el futuro de Nagorno Karabaj estará en gran parte condicionado por la capacidad diplomática de Moscú para gestionar las ambiciones de Bakú.

Respecto a su relación con la Unión Europea, los países del Cáucaso miden con mesura el grado y la morfología de los vínculos que entablan con Bruselas. Ven al Viejo Continente como un mercado de gran potencial, pero también son conscientes que deben comedirse en su acercamiento, ya que tiene alianzas más próximas y necesarias que cuidar: Armenia ha apostado todo por Rusia a pesar de los gestos de acercamiento mostrados hacia Europa; Georgia ha sido la nación caucásica que más se ha inclinado por la UE, cuya política social y económica está en una impredecible transición hacia Occidente; y Azerbaiyán, gracias a sus exportaciones energéticas y una ubicación privilegiada, está en posición de firmar  acuerdos comerciales sin implicaciones políticas.

Asimismo, Rusia tendrá algo que decir al respecto de los vínculos entre Azerbaiyán y Europa. Tanto con Europa como con Turquía, Azerbaiyán puede suponer una amenaza para Moscú, especialmente en clave energética: si la alianza túrquica se extiende a Asia Central y conecta con el Viejo Continente puede configura una entramado económico-comercial que aísle a la Federación rusa. En el caso de que Asia Central se convierta en una alternativa consolidada a fuente de recursos para Europa, el Cáucaso cobrará entonces un valor todavía mayor como eslabón físico en la cadena de suministros global. En este escenario ya entraría China, y el valor y las consecuencias en cada paso se multiplicarían. No obstante, es complicado que un escenario tan perjudicial para Rusia se dé dada la influencia que aún mantiene el Kremlin en las antiguas repúblicas soviéticas y por la relación entre Xi Jinping y Vladímir Putin. Resulta más viable la posibilidad de que el mercado europeo encuentre en el Cáucaso unos canales alternativos a los rusos, de tal forma que le permita una transición más moderada hacia otros proveedores y hacia la transición de energías limpias.

·  ·  ·

La estabilidad y futuro geopolítico del Cáucaso dependerán de Rusia como primera fuerza, de Turquía como potencia regional y de Azerbaiyán como nación caucásica en auge. Queda patente una vez más que dinámicas de la geopolítica no se detienen. El valor estratégico de este zona estará condicionado por el grado de proyección del binomio túrquico, tanto como proveedor como por espacio de tránsito junto a Georgia. El Cáucaso posee credenciales, gracias a sus ubicación y diversa conectividad, para convertirse en una arteria logística preferente entre continentes, no obstante, previamente se deben gestionar los fuerzas regionales y los intereses globales, así como atender a los focos de inestabilidad de la propio enclave.


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica