LEYENDO

12 DE OCTUBRE: DIARIO DE UN DESCUBRIMIENTO (1ªPart...

12 DE OCTUBRE: DIARIO DE UN DESCUBRIMIENTO (1ªParte)

Jueves 6 de septiembre: “Partió aquel día por la mañana del puerto de la Gomera y tomó la buelta para ir su viaje…”

 Fragmento extraído del Diario de Navegación de Cristóbal Colón

¿Qué celebráis? podría preguntarnos, si nos viera a través del tiempo, uno de aquellos aventureros que atravesó el atlántico enfrentándose al misterio del océano y a la más sombría incertidumbre de una empresa con escasas garantías de éxito y sobradas de tragedia. Hoy mismo cualquiera podría preguntarnos y convendría conocer nuestra historia, para que después cada cual fuera capaz de responder como mejor entendiese. Dicen los sabios que recordar exige conocer y que conocer siempre es bueno para recordar, pero también nos instan a no olvidar que, donde abunda la sabiduría, abundan las penas, y que quien acumula conocimientos, acumula a su vez dolor. A mi juicio estas palabras definen acertadamente lo que significa la historia, la nuestra y cualquier otra, y esta tan solo es una más de esas humildes respuestas:

Corría el año 1492 y el tercer día de su octavo mes, tres navíos zarpaban del Puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, con rumbo a las Islas Canarias donde terminarían de aprovisionarse y realizarían los últimos preparativos antes emprender la parte cruda de la travesía, hacia poniente, el 6 de septiembre en busca de una ruta alternativa a las Indias. Aquellas naves por más que se alejaran de la costa de España nunca terminarían de dejarla atrás, puesto que las tablas que sostenían a cada uno de los aproximadamente 90 hombres que las tripulaban, seguían siendo suelo español y el único hogar que pisarían hasta regresar, si es que esa era su suerte.

En su mayoría se trataba de marineros libres que habían embarcado voluntariamente, castellanos, vascos, andaluces, portugueses, murcianos (“y gente de mal vivir”, como acuñaría años más tarde Carlos III; por la parte que me toca siendo mi tierra natal). Hombres fieros, hijos de una época que todavía exigía a cualquiera ser un guerrero, a su manera, burda o salvaje, pero nunca subestimada, tal y como demostraron durante los años finales de la Reconquista, pagando con sangre lo que hoy debemos en libertad. Rufianes o soldados, habrá quien diga que prestos a defender su honra aun ausente la ofensa, pero innegablemente valientes, pues preguntaos ¿Quién arriesgaría hoy la vida? ¿Quién la arriesga?

Al frente de las carabelas se encontraban los hermanos Pinzón, Martin Alonso en La Pinta, curtido en la guerra contra Portugal y personaje cuyo papel se mostró determinante a la hora de reclutar la tripulación, aportando además de las dos carabelas, medio millón de maravedíes que contribuyeron a financiar la empresa de Colón. Su hermano menor Vicente Yañez capitaneaba La Niña y llegaría a ser, entre otras cosas, descubridor de la desembocadura del Amazonas y por ende de Brasil.

La tercera embarcación, una nao (de tamaño algo mayor) bautizada con el nombre de Santa María, estaba comandada por el propio Colón. Son solo algunos nombres de los “pocos” que se recuerdan y los muchos que han quedado olvidados, perdidos en las aguas o en las playas y junglas allende del mar. Y ninguno de nosotros tiene la potestad para administrarles juicio, no desde aquí, pues ninguno estuvimos allí. Si en la mayoría de ocasiones no somos capaces de enjuiciarnos rectamente a nosotros mismos, mayor temeridad constituiría atrevernos a usar las lentes modernas para sentenciar los actos de nuestros antepasados. Preocupémonos de no repetir los errores que achacamos a hombres y mujeres con otras reglas, otras ideas y sensibilidades (o insensibilidades) que precisamente nos ayudaron a perfeccionar nuestra sociedad con sus tropiezos.

En un barco tripulado por españoles no podía faltar la picaresca, incluso si esta provenía de un extranjero. Colón, tal vez consciente de las fatigas que aquejaban a aquellos hombres rodeados solo por agua, hambre y como no, miedo, un temor de esos que no está reñido con la valentía sino que la alimenta, tomó ciertas medidas. Porque hasta el valor pasa penurias y por ello Colón falseaba las millas recorridas, anotando menos distancia para crear la ilusión de estar todavía cerca de casa. Mientras Juan de la Cosa, cartógrafo y maestre de la Santa María, redefinía los límites del mundo conocido a base de tinta y pericia marinera.

Mapa de Juan de la Cosa/Museo Naval de Madrid

Pocos dentro y fuera de aquellos barcos apostarían por el éxito, aunque seguramente unos rezarían más que los otros con tal de que alcanzaran buen puerto o en última instancia el puerto que fuera. Especialmente cuando soltaban las aves para comprobar la proximidad de tierra firme, para tras más de un mes navegando sin rastro alguno, ver como los animales regresaban a la seguridad de sus jaulas y ellos seguían en las suyas propias también de madera pero mucho más grandes. La comida escaseaba o directamente estaba podrida empeorando las condiciones que se vivían a bordo, el agua estancada alimentaba el fantasma de la sed y todo ello las ganas de regresar al hogar cuando ya no era posible ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar?

Jueves 11 de octubre: “…Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje avían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la caravela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedaço de caña y otra yerva que nace en tierra, y una tablilla. Los de la caravela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado de escaramojos.”

Fragmento extraído del Diario de Navegación de Cristóbal Colón

Y no es de extrañar que respirasen al descubrir en el agua tales señales, pues 36 días de contener el aliente son demasiados incluso para los españoles y salvo que en aquellas latitudes los árboles crecieran bajo el mar, se trataba de signos inequívocos que anunciaban la proximidad de tierra firme.

Viernes 12 de octubre“…Y porque la caravela Pinta era más velera, iva delante del almirante, halló tierra y hizo las señas que el almirante avía mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se dezía Rodrigo de Triana.”

Fragmento extraído del Diario de Navegación de Cristóbal Colón

La historia ha sido, es y será, no para ser juzgada sino estudiada y analizada al detalle. En cuanto a la pregunta inicial, mi respuesta es la siguiente: todo esto celebramos, la capacidad para mantenernos unidos a pesar de las dificultades, la fortaleza para soportarlas, el valor para emprender proyectos que parecen imposibles y muy especialmente nuestros errores y nuestras victorias, los unos por ayudarnos a mejorar, las otras por permitirnos avanzar.

Desembarco de Colón.John Vanderlyn/Alamy


Analista de inteligencia en el Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa, Sección J9/Influencia. Especializado en el análisis del entorno de la información y Defensa.

ARTÍCULOS RELACIONADOS