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La cifra de mujeres en las Fuerzas Armadas supera ya las 15.700

El próximo mes de septiembre se cumplirán 33 años desde que fuera aprobada la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas en el año 1988. En la actualidad hablamos de 15.700 mujeres en activo, lo que viene a suponer un 12,84% del total de efectivos (aproximadamente 120.000) desempeñando sus funciones como oficiales, suboficiales o como parte del personal de tropa y marinería.

Estas cifras sitúan a España a la cabeza de los países de nuestro entorno en materia de integración de la mujer en las Fuerzas Armadas y por encima de la media en el marco de la OTAN donde las cifras rondan el 11,3%. En este sentido, nuestro país es a día de hoy referente en materia de integración de la perspectiva de género en las actividades y operaciones que se llevan a cabo tanto en territorio nacional como en el exterior.

Asimismo España es uno de los principales promotores de la Resolución 1325, que en octubre cumplirá 21 años, y de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad. Una serie de compromisos en virtud de los cuales se insta a garantizar la protección y el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas, en particular contra la violación y otras formas de abuso sexual en zonas de conflicto armado; y a su vez, a impulsar la participación de mujeres en la prevención, gestión y solución de conflictos.

En septiembre de 1988, 26 mujeres ingresaron en las Academias. En un primer momento su acceso estaba restringido a los Cuerpos de Ingenieros y a los hoy conocidos como Cuerpos Comunes (Jurídico, Intervención, Sanidad y Músicos). Sin embargo, se trataba de un acontecimiento histórico al tratarse de la primera vez en que la institución militar permitía el ingreso a mujeres como miembros de pleno derecho y en el mismo régimen que sus homólogos masculinos.

El 22 de febrero de 1988, la aprobación del Real Decreto Ley que permitió por primera vez el acceso femenino a las Fuerzas Armadas supuso el punto de partida para una sucesión de disposiciones que permitirían: el acceso de las mujeres a las escalas de oficiales y suboficiales, así como a las llamadas armas combatientes (Ley Reguladora del Régimen del Personal Militar de 1989); ampliar la oferta a la categoría de Tropa y Marinería (Reglamento de Tropa y Marinería Profesionales 1992) a excepción de determinados destinos tácticos; hasta la eliminación de la totalidad de restricciones, que daría luz verde al acceso de la mujer al conjunto de cuerpos, escalas y destinos (Ley de Régimen Personal de las Fuerzas Armadas de 1999).

Estas medias propiciaron que solamente entre 1998 y 2005 más de 9.400 mujeres ingresasen en los Ejércitos. Posteriormente, la Ley de la Carrera Militar (2007) establecería la perspectiva de género como “principio transversal de la regulación del personal, disponiendo la adopción de medidas para proteger la maternidad”. En concordancia con las anteriores disposiciones, la Ley de Derechos y Deberes de las Fuerzas Armadas (2011) remarcó “el principio de igualdad y de no discriminación por género, así como el deber de promover las medidas precisas para garantizar una equidad real entre el hombre y la mujer, especialmente en el acceso, la prestación del servicio, la formación y la carrera militar”.

Con los años dicha integración se ha ido extendiendo hasta alcanzar todos los puestos y empleos, de modo que en la actualidad cualquier militar con independencia de su sexo realiza idénticas tareas, recibe la misma formación/retribuciones y está sujeto al mismo régimen disciplinario.  A día de hoy, por lo que respecta a la escala de oficiales, hablamos de 26 mujeres coroneles, 200 teniente coroneles, 251 comandantes, 561 con el grado de capitán y 426 tenientes.

Este proceso de incorporación se ha realizado progresivamente, implementando las diferentes adaptaciones requeridas en función de las necesidades que fueron surgiendo desde los primeros compases: diseño de nuevos uniformes;  habilitación de dormitorios y aseos separados en buques y acuartelamientos; adaptación de las marcas para las diferentes pruebas físicas de ingreso.

La conciliación ha sido uno de los principales obstáculos en la trayectoria profesional de muchas mujeres. De ahí que en los últimos años las medidas dirigidas a paliar tales desequilibrios hayan adquirido un papel protagonista, tomando la forma de un plan de choque destinado a: dotar de guarderías a todos los acuartelamientos; potenciar la inclusión del criterio de género a través de la normativa, la enseñanza y las campañas de divulgación; incrementar las competencias del Observatorio Militar y de la Secretaría Permanente; y dedicar especial atención a las familias monoparentales, parejas de militares y militares con hijos en custodia compartida.

Premio ‘Soldado Idoia Rodríguez, mujer en las Fuerzas Armadas’

Coincidiendo con el 8 de marzo, Día de la Mujer, cada año se premia la “labor de personas e instituciones, tanto militares como civiles que hayan realizado actuaciones relevantes o ejemplares para potenciar el papel de la mujer o para apoyar la igualdad de oportunidades y de género en las Fuerzas Armadas”.  Dicho galardón lleva el nombre de la cabo Idoia Rodríguez Buján, que en 2007 se convirtió en la primera mujer militar española fallecida en operaciones (Herat/Afganistán), debido a la explosión de un IED (Artefacto Explosivo Improvisado, por sus siglas en inglés) bajo el BMR en el que viajaba.

En su VII edición el jurado del decidió por mayoría de sus miembros conceder el galardón a la brigada del Cuerpo General del Ejército de Tierra, Esmeralda Ruiz Alonso. La brigada Ruiz Alonso ha sido merecedora del premio por ser un referente de los valores y objetivos perseguidos con la concesión del Premio ‘Soldado Idoia Rodríguez’. Se trata de la primera mujer cuadro de mando del Ejército de Tierra que realizó el Curso de Operaciones Especiales y que ha ejercido el mando en unidades de esta naturaleza, habiendo participado en diversas misiones internacionales y estando siempre destinada en unidades de alta exigencia operativa.

Además, cinco mujeres han recibido una mención especial en atención a sus actuaciones para potenciar el papel de la mujer en las Fuerzas Armadas o su contribución en la lucha contra la actual pandemia originada por el COVID-19. Se trata de: Mª José Rodríguez Fernández y a la soldado del Ejército del Aire Esther Sánchez Oca, piezas clave en el funcionamiento del Laboratorio de Identificación Rápida de la UME; y Margarita del Moral González, médico del servicio de urgencias del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, Centro de Vida y Esperanza.

También han recibido una mención honorífica la comandante del Ejército del Aire Rocío González Torres, primera mujer en graduarse en la escuela de caza y ataque con el número uno de su promoción y en conseguir más de 1.000 horas de vuelo a los mandos del F-18; así como a la sargento primero Olga Fausta Castor Bekari, del Cuerpo de Infantería de Marina de la Armada, responsable del adiestramiento y preparación de los equipos operativos de seguridad del Tercio Sur.

 


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.