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La OTAN reconoce su preocupación por la inversión militar china

Las recientes palabras del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en relación con el papel que representa China en la escena de poder internacional en estos momentos, han abierto la veda a toda una serie de especulaciones acerca de la estrategia de contención que adoptará la OTAN a partir de 2021.

En esta misma línea, Stoltenberg manifestó su gran preocupación por la potente inversión que China está realizando en materia de equipamiento militar, alertando sobre las consecuencias directas que dicho gasto tendrá sobre nuestra seguridad. Si bien reconocía que “la alianza no considera a China como un adversario” puso el foco en el auge militar y subrayó que dicha inversión incluye el refuerzo de las capacidades nucleares chinas.

Estas declaraciones contrastan con la petición realizada por el secretario general de la OTAN, a principios de este mes, instando a que EE.UU y UE reparen rápidamente sus relaciones con el fin de hacer frente a la creciente presión ejercida por China.»Más importante aún, China es un país que no comparte nuestros valores. Vemos eso en la forma en que manejan las protestas democráticas en Hong Kong, cómo reprimen a las minorías en su propio país, los uigures, y también cómo intentan socavar el orden internacional», agregó Stoltenberg.

Un discurso que concuerda con las recientes declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, al denunciar el uso generalizado de medidas coercitivas por parte de China en materia de relaciones internacionales, instando a los aliados de la OTAN a trabajar codo con codo con EE.UU para contrarrestar la creciente influencia de Beijing. Blinken ha asegurado que EE.UU no tiene la intención de obligar a sus aliados europeos  a elegir bando. Sin embargo, dejó clara la postura estadounidense a la hora de catalogar a China como una amenaza económica y para la seguridad a nivel global.

A pesar de que dicha estrategia todavía se encuentra en fase de desarrollo, es posible anticipar algunos aspectos que previsiblemente incorporará, especialmente si tenemos presentes los documentos preparatorios que hemos ido conociendo a lo largo del último año. En su informe titulado “OTAN-2030: Unidos por una Nueva Era”, el auge político y económico de China ocupa un lugar preponderante.

China plantea un desafío creciente para la OTAN y es percibida no solo como potencial socio económico, o como uno de los actores principales en materia de seguridad en Asía, se trata a todas luces de un rival estratégico perfectamente identificado. Según el documento “actualmente China no representa una amenaza militar tan inmediata para la región euroatlántica como Rusia, pero está ampliando su presencia militar en el Atlántico, el Mediterráneo y el Ártico […] fomentando la cooperación de defensa con Rusia y desarrollando su potencial estratégico global”.

Los autores del informe sugieren la necesidad de “establecer un organismo consultivo especial para el intercambio de información y experiencia con el fin de discutir todos los aspectos en materia de intereses de seguridad de la OTAN en relación con China». Dicho organismo podría adoptar la forma de unidad especial dentro de la División Conjunta de Inteligencia y Seguridad (JISD) para monitorizar la cooperación ruso-china que afectaría de forma más acuciante a la seguridad euroatlántica. Asimismo advierten abiertamente que la alianza «debería prestar más atención e invertir más tiempo y recursos políticos en medidas para hacer frente a los desafíos de seguridad por parte de China».

En paralelo, desde Beijing siguen enfatizando su interés por tender puentes comerciales con los diferentes miembros de la OTAN, especialmente con los socios europeos. Si analizamos el discurso chino comprobamos que la estrategia política y de comunicación pasa por evitar cualquier confrontación relacionada con su agenda militar/estratégica e igualmente elude el etiquetar a la OTAN como “rival estratégico”.

Por su parte la OTAN, parece cada vez más tentada en estrechar la mano comercial que tienden desde China (algo que por otra parte superaría sus competencias). De ahí que el apartado que el citado informe dedica a China recomiende “continuar con los esfuerzos para detectar puntos débiles en sectores clave, en coordinación con la UE”, al mismo tiempo que aconseja “consolidar las relaciones con China a nivel bilateral”.

Hay quienes señalan que esta posición representa un riesgo que EE.UU no estaría dispuesto a asumir. Lo que ocultaría a su vez una clara intención de obstaculizar las relaciones chino-europeas. Un ejemplo de estos inconvenientes, percibidos por la administración estadounidense, sería el reciente acuerdo de comercio e inversión suscrito por China y la UE.

Todo ello sitúa a los aliados europeos en una posición complicada, justo en el centro del fuego cruzado entre dos titanes. Por un lado, China previsiblemente continuará tendiendo la rama de olivo hacia Europa y mientras EE.UU seguirá confiando en su diplomacia multilateral para frenar el avance del gigante asiático.


Analista especializado en el entorno de la información y Defensa.

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