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La Gran Presa del Renacimiento Etíope. La geopolít...

La Gran Presa del Renacimiento Etíope. La geopolítica del agua

África busca su expansión industrial a expensas de la inercia de la globalización. El crecimiento demográfico continental y su consecuente demanda de recursos hacen más imperativo un salto cualitativo en la infraestructura de las naciones africanas. La sobreexplotación mundial de los recursos es una hecho, igual que los efectos del cambio climático, y los países africanos necesitan una base de desarrollo para dar sostenibilidad a la masa de población que albergan. No es una realidad nueva, pero sí una más acuciante.

Ante esta coyuntura, el agua del Nilo, un recurso exigido tanto para la industria como para la agricultura, ha incentivado la construcción del mayor proyecto hidroeléctrico de África. La Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés) es desde hace una década exponente de proyección y desarrollo del continente.

El Nilo es sustento de diez países ribereños y su impacto económico y vital se extiende por gran parte del continente [F: Wikipedia]

El Nilo es el sustento directo de más de 180 millones de personas. Si se mide su incidencia incluyendo zonas colindante tiene repercusión prácticamente en la mitad de población del continente; su cuenca supone un reducto constante de recursos vitales para los diez países ribereños –Egipto, Sudán, Tanzania, Sudán del Sur, Uganda, Ruanda, Kenia, RDC, Burundi y Etiopía–. Este rio está vertebrado por el Nilo Blanco y el Nilo Azul, este último es la arteria principal, y en el cual se ha levantado la presa.

Que esta infraestructura se haya construido en el Nilo Azul no es baladí ni casualidad. Éste es más caudaloso, lo que le va a permitir a Etiopía multiplicar por cuatro su producción eléctrica. Sin embargo, las consecuencias geopolíticas recaen sobre Egipto, que ve amenazado su sustento hídrico, dado que esta vertiente del Nilo le provee el 86% del agua. De hecho, El Cairo estima que el proyecto etíope le va a reducir el caudal en un 25%.

Si la disputa no se ha resuelto se debe a la ausencia de un marco legal que sea aceptado por todos los implicados. El historial de acuerdos sobre el derecho de las aguas del Nilo es extenso y, a excepción de los últimos años, Egipto ha sido la primera y mayor beneficiada. La histórica nación ha basado su derecho sobre las aguas del Nilo durante el siglo XX por acuerdos firmados que comenzaron durante la época colonial. Los primeros datan de 1902 y 1929; el siguiente pacto se firmó en 1959, año en el que Egipto y Sudán alcanzaron el Acuerdo Hidrográfico del Nilo, que estipulaba un reparto en claro favor para El Cairo: aproximadamente se le condecía el 75% (una cuota de 55.500 millones de m3 anuales) del caudal de la cuenca, por los 25% que se conferían a Sudán (sobre 18.500 millones de m3 anuales).

Ya en el siglo XXI, en 2010, se puso en marcha una iniciativa para crear una base legal que incentivara la acción cooperativa que incluyera a todos los países ribereños, pero sólo seis firmaron el Acuerdo Marco Cooperativo de la cuenca del Nilo (CFA, Basin Cooperative Framework Agreement). Finalmente sólo tres lo ratificaron, por lo que al no alcanzar los seis exigidos el acuerdo cayó en saco roto.

Uno de los últimos intentos fue en 2015. Una hoja de ruta que involucraba únicamente a Etiopía, Egipto y Sudán, denominada Declaración de Principios. Ésta pretendía determinar una forma equitativa del empleo del agua en cada territorio. Sin embargo, la nomenclatura resultaba imprecisa y no especificaba puntos clave de la disputa como el ritmo de llenado del embalse, la producción de electricidad o la regulación del agua en situaciones de sequía o inundación. Por ahora no ha llegado a oficializarse nada, pero ha quedado como marco para punto de partida.

En febrero de 2020, estas tres naciones estuvieron cerca de rubricar una suerte de acuerdo en Washington ante la inminente finalización de la presa. Se presentó una propuesta que parecía satisfactoria para todas las partes, pero finalmente Addis Abeba se retractó en última instancia ante el temor de perder control sobre sus propias capacidades. Para agravar la situación, meses más tarde la nación del Cuerno de África ratificaba su intención unilateral de comenzar a llenar la presa. Esto condujo a Egipto a acudir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en aras de paralizar un plan que considera que atenta contra su seguridad vital y económica. Este capítulo sirvió para dejar constancia de que El Cairo carece de legitimidad internacional para frenar el proyecto.

En últimas fechas continua sin encontrarse una resolución que contente a las tres partes. El asunto ha propiciado no sólo la implicación de la ONU o de potencias como Estados Unidos, también la de organismos supranacionales como la Unión Africana, con intereses inherentes. Esta participación de diversos agentes evidencia el impacto que la Presa del Renacimiento puede llegar a deparar para millones de personas y decenas de naciones. Las divergencias en la mesa de negociación se centran en tres puntos: el ritmo para llenar la presa, un marco prefijado para resolver las cuotas en estaciones de sequía y la concordancia en un plan para la resolución de conflictos. El ambiente en la mesa de negociación está saturado – y en parte eclipsado por la pandemia –, y complica medir el grado de acercamiento entre posturas.

Egipto y Etiopía son dos potencias africanas y su desarrollo condiciona el marco regional. La nación gobernada desde Addis Abeba lleva años en crecimiento y esta nueva infraestructura se considera el principal proyecto económico del país. La cantidad de electricidad supondrá un salto cualitativo para el país que servirá para impulsar su industria; además, es una oportunidad de convertirse en exportador a vecinos también necesitados. En clave regional, la Presa del Renacimiento Etíope conlleva beneficios para todas las naciones de la zona.

Imagen virtual de la presa [F: Wikipedia]

Egipto

El país de los faraones ha basado su soberanía sobre el Nilo en su historia. Como nación vetusta forjó unas condiciones para asegurarse su preferencia sobre el rio en la época colonial. En esta línea continuó durante la segunda parte del siglo XX, cuando los neonatos Estados africanos no tenían capacidad de contestación ante la narrativa agresiva de El Cairo y la amenaza militar.

Egipto vive de las aguas de este rio prácticamente en su totalidad, fruto de una orografía desértica que determina tal necesidad. El país dirige el 86% de sus recursos hídricos a la agricultura y proporciona empleo a la mitad de la población, que se traduce en el 12% del PIB.

La operatividad de la Gran Presa del Renacimiento pone en jaque la seguridad hídrica. El Cairo vislumbra la amenaza: una nación que roza los 100 millones de habitantes (y creciendo) cuyo sustento se basa en la agricultura, pero con un sistema de regadío cada vez menos eficiente y con unas aguas cada vez más contaminadas. La presa en el Nilo Azul va a reducir el abastecimiento de agua para el país, sin embargo, un acuerdo también podría cubrirle las necesidades hídricas y proporcionales otros recursos también. No obstante, en clave geopolítica, estaría reconociendo la vulnerabilidad estratégica ante otra potencia africana y confirmando su posición de debilidad.

Es evidente que la pérdida de caudal es una amenaza para Egipto, sin embargo, para el resto de naciones ribereñas el proyecto desarrollado por Etiopía es una oportunidad. Ante estas circunstancias, es evidente que el Gobierno de Al-Sisi sale perjudicado de alguna manera, sin embargo, la vía diplomática aún le confiere la oportunidad de firmar unas condiciones que le refuercen diplomáticamente y le garanticen los recursos hídricos, aunque sean en menor medida.

• Etiopía

El Gobierno de Addis Abeba ha asumido el proyecto de la GERD como la oportunidad de proporcionar al país el impulso industrial necesario para abastecer a una nación altamente poblada (109 millones) y dotarla de la capacidad para propulsar un crecimiento ya constatado en los últimos años. El proyecto ha supuesto un coste de 4.500 millones de euros y se ha financiado con fondo nacionales, aunque se conoce que ha habido créditos chinos respaldando la operación.

Washington ha lidiado en las disputas. El Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo y el ministro de exteriores etíope, Gedu Andargachew [F: Wikipedia]

A diferencia de Egipto, Etiopía tiene un clima que le concede abundantes lluvias durante el año. Ahora bien, la infraestructura es una carencia estructural del país, por eso la Presa del Renacimiento ha levantado tantas expectativas y se ha convertido en el principal proyecto nacional y aval de su economía.

Esta infraestructura aspira a satisfacer las demandas energéticas y económicas, razón por la cual se ha construido la mayor plata hidroeléctrica del continente. Se estima que en plena operatividad la presa acumulará 70.000 millones de metros cúbicos, y mediante las 16 turbinas Etiopía espera producir 6.450 megavatios de electricidad, 15.000 GWH anualmente. Con tales recursos se pretende asegurar un crecimiento industrial que dé continuidad al desarrollo del país.

Etiopía padece numerosas carencias estructurales, como la disponibilidad eléctrica, a la que sólo tiene acceso la mitad de la población. Este contexto alimenta la impaciencia por poner en marcha la presa y sirve de argumento a su Gobierno para la negativa a los acuerdos, al menos hasta la fecha. En la misma línea de cuestiones internas, cabe señalar las tensiones y confrontaciones endógenas durante el último año, que medios occidentales anunciaban como prolegómeno de una guerra civil.

Asimismo, en otro capítulo de su política regional, Etiopía también debe hacer frente a los focos de inestabilidad en el Cuerno de África, zona efervescente de la que esta nación es el corazón a pesar de no tener salida al mar. La condición de Estado fallido de Somalia, o la relación con Eritrea tras su independencia, suponen para la antigua Abisinia otro escenario al que atender en su agenda exterior.

•Sudán

Se trata del tercer actor directo en discordia. Se encuentra en medio de la disputa entre Egipto y Etiopía. A este país le interesa sobremanera la producción hidroeléctrica derivada de la presa, pero tampoco quiere desestimar las reclamaciones de Egipto como vecino y potencia del continente africano. Ante esta disyuntiva, Jartum apela a que se alcance un acuerdo antes de que la presa comience a funcionar. Aspira a no tener que posicionarse de manera rotunda, por lo que su prioridad es evitar que El Cairo y Addis Abeba actúen de manera unilateral.

Cabe decir que dentro de la cúpula de poder sudanesa existen diferencia de opiniones respecto a la Presa del Renacimiento Etíope. La élite militar aboga por respaldar a Egipto, a la que le unen afinidades con el general Al-Sisi, mientras que el gabinete político encabezado por el presidente Abiy Ahmed comparte los intereses etíopes.

Se han escrito ríos de tinta sobre la geopolítica de los recursos naturales. Sobre cómo los demandados fósiles condicionan agendas y estrategias nacionales; sin embargo, éstos son recursos del presente, cuya cotización se vislumbra decreciente en el tiempo ante el auge de energías renovables. Este escenario no se contempla con el agua, un recurso de presente y futuro. El agua es piedra angular de la supervivencia y desarrollo humano, por lo que las naciones con acceso al agua tienen un bien altamente cotizado. Proyectos como el que ha erigido Etiopía ponen de relieve las necesidades básicas de la humanidad, así como la amplitud de los recursos hídricos.

Este proyecto ha estado décadas en la mente del Gobierno etíope. La caída de Mubarak en 2011, sumado a la inestabilidad política que reinaba en Sudán, brindó la oportunidad a Addis Abeba de comenzar ese mismo año las construcciones de la Presa del Renacimiento Etíope sin temor a consecuencias tectónicas.

Una década más tarde, ninguna de las tres naciones descarta la vía diplomática para solventar la disputa, pero tanto Egipto como Etiopía han marcado el precio por llegar a un acuerdo: Addis Abeba no va a parar el llenado de la presa por no alcanzar un pacto; Egipto no va a aceptar cualquier batería de condiciones; y Sudán, por su parte, tiene mucho que ganar si no se posiciona de manera categórica. Ésta juega el papel estabilizador como nación próxima a la presa y como Estado mediante, a lo que se suman disputas territoriales con Etiopía que pueden tener su importancia en la mesa de negociación.

La presa está construida en el norte de Etiopía, a 20 kilómetros de la frontera que linda con Sudán.[F: Wikipedia]

Etiopía se encuentra en una posición de fuerza. Dispone de la ventaja geoestratégica y de un derecho internacional que no se opone, mientras que Egipto vive una inestabilidad constante que juegan en contra de su proyección exterior. Es así que la vía diplomática puede amparar al Gobierno de Al-Sisi si firma un acuerdo que le garantice determinado caudal y le respalde en caso de sequía.

El punto clave por resolver es el ritmo de llenado de la presa. El tiempo que se establezca marcará la transición hacia un nuevo escenario regional, de ahí que la cuestión se encuentre en el centro de las disputas. El Cairo pretende que la presa se ateste de forma paulatina, en torno a 12-20 años, de tal forma que mitigue el impacto; Etiopía ansía acelerar el proceso – en torno a 6 años – para poder explotar la capacidad hidroeléctrica cuanto antes dadas las privaciones del país.

Igualmente, el problema de Egipto va más allá del agua que pueda proporcionarle el Nilo. El país lleva siglos explotando el caudal del rio, pero hoy los problemas en origen de la nación surgen a partir de la situación política y social. Por su parte, Etiopía vive una coyuntura distinta. Su proyección le ha impulsado a construir la Presa del Renacimiento, y prueba la visión de un país que sabe cómo crecer, capaz incluso de sobreponerse a crisis internas. Es por ello que la obra arquitectónica se ha adherido al ideario popular y su funcionamiento es ya una cuestión nacional.

La situación de Egipto en la última década dista del crecimiento etíope. Mientras la nación mediterránea sobrevive a sus carencias, países como Sudán y Etiopía han desarrollado capacidades militares. En el caso de esta última, cierta continuidad política le ha permitido fortalecerse como Estado, no intimidarse ante Egipto y, en consecuencia, ganar en independencia estratégica. Éste es factor clave para considerar improbable que la cuestión de la Presa del Renacimiento Etíope derive en conflicto armado.

Una vez en funcionamiento, habrá que medir el impacto de la presa en el equilibrio de poder regional. La batalla diplomática puede dar puntos a Egipto internacionalmente si acepta las condiciones, pero en clave geopolítica Etiopía sale consolidada. La nueva posición de poder de esta nación puede alterar equilibrio de fuerzas y condicionar alianzas. Mucho dependerá de cómo maneje Addis Abeba sus nuevas capacidades.


Analista independiente, especializado en Conflictos Armados, Terrorismo y Geopolítica