Recuerdos de Angola

Por GD D. José A. Segura Fernández.

Terminaba el año 1988. En el Estado Mayor de la Capitanía General de la Región Militar Sur ultimábamos los asuntos con la vista puesta en el inmediato permiso de Navidad. Casi eran las cinco de la tarde cuando sonó mi teléfono. Al otro lado del hilo una voz conocida, pero con la que en aquellos momentos no tenia directas relaciones profesionales.

– ¿Qué te dice Angola?.

– Un país africano bastante lejano.

– Se esta preparando una misión de Naciones Unidas y España, por primera vez, ha ofrecido su participación. Inicialmente seremos tres oficiales. Me han dado el mando. ¿Quieres venir?.

– ¿Cuándo vamos?.

– Inmediatamente. No creo que queden dos semanas para la partida.

Quedaba eso, aproximadamente. Sin lugar a dudas unas Navidades no al uso. Mucho mas ajetreadas de lo normal. Y menos familiares.

Marcha inmediata a Madrid. Puesta en contacto del equipo. Teniente Coronel, Comandante y un joven capitán de la Brigada paracaidista. En aquellos días de Navidad obtuvimos y aprendimos la resolución de la ONU para poner fin a la presencia cubana en África. Documentación genérica sobre las misiones de paz de Naciones Unidas. En ninguna parte de la Administración española había antecedentes de este tipo de misiones. Los específicos de la misión los habríamos de fijar nosotros en Angola. Conocimos la situación general del país y de la guerra que daba origen a la misión.

Aprendimos a marchas forzadas quién era Dos Santos, Savimbi, dónde estaba Cuito Canavale y el enfrentamiento que allí hubo, que era, FNLA, Unita, las FAPLA, el MPLA, las etnias Mbundo, Ovimbundo, Bakongo, la geografía de un país que tenía una renta “per cápita” de algo más de 400 dólares y una esperanza de vida de 42 años. Y más de 1,200.000 Kms cuadrados de territorio. Y mil cosas más.

A la vez determinamos el equipo que debíamos llevar y procedimos a su adquisición. Obtuvimos en Asuntos Exteriores la documentación personal y general necesaria. Charlas a muy diversos niveles para obtener información. Reconocimiento médico y vacunaciones. Muchos frentes, muchos movimientos, muchos contactos, mientras nos comíamos el turrón. El día 29 de Diciembre casi habíamos completado todo. Aquella tarde nos recibió el Ministro de Defensa. Fuimos acompañando al JEME. Cuando terminamos la entrevista, necesariamente cordial, se abrió una puerta del despacho. En ese momento nos dimos cuenta del alcance de la situación. Una nube de reporteros gráficos y periodistas se encontraba al otro lado y nos asaetearon. No teníamos costumbre pero mantuvimos el tipo. Aquello era importante y trascendía nuestro deseo de cumplir en el sitio de mayor riesgo y fatiga. Para las Fuerzas Armadas españolas aquellas Navidades nuestras eran, según opinión del Ministerio, la incorporación de España a las Misiones de Paz de Naciones Unidas. Al día siguiente estábamos en la portada de todos los periódicos nacionales. Algún periodista escribió que el Ejército salía así de su aislamiento. Para nosotros fue sólo la constatación de que aquello era algo importante y que nos exigía hacer el mayor esfuerzo.

Tras superar una huelga de Iberia el día dos de Enero, para lo que utilizamos un avión Mystere en el traslado a Lisboa, llegamos en la madrugada del tres a Luanda. No salimos del Aeropuerto. A los pocos minutos aterrizó el avión que traía de Brasil al General Jefe de la misión. Allí nos presentamos, nosotros y el equipo noruego que llegó unos minutos antes, y empezamos nuestro trabajo. No había tiempo que perder. Allí realmente nació UNAVEM.

La resolución de Naciones Unidas establecía la misión: había que controlar la completa retirada de las fuerzas cubanas en Angola. Establecía que la retirada cubana comenzaría el primero de Abril. Pero el día 10 de Enero se inició la retirada de Angola con los primeros 450 soldados que salieron para Cuba desde el aeropuerto de Luanda. Ni que decir tiene que si frenéticos fueron los días de Madrid, mas aún lo fue aquella semana para tener en siete días organizada una misión compuesta por miembros de India, Jordania, Checoslovaquia, Yugoslavia, Noruega, España, Argelia, Congo, Brasil y Argentina. Además del componente civil internacional y el del país. El idioma oficial de la misión era el ingles y nos entendíamos en portugués con los nativos y en español con los cubanos. Esto último fue una gran ventaja que nos hizo imprescindibles.

Cuando llegó el día 1º de Abril ya habían sido repatriados más de 4.000 soldados, de los 50.000 que oficialmente había en Angola. Previamente, y para completar la misión, habían llegado de España, a mediados de Marzo, cuatro oficiales más, que al igual que el resto de los equipos nos completaron a siete miembros por país participante. En total, setenta observadores militares.

Con ellos se organizó una estructura en equipos de 8 miembros más una plana mayor. Los equipos se establecieron en Luanda aeropuerto, Luanda Puerto, Namibe, Lobito-Benguela y Cabinda, mas dos equipos móviles que cubrían las eventualidades, allí donde surgieran, de tan vasto territorio. En los equipos no podía haber dos miembros del mismo país y cambiábamos de equipo cada quince días. Contábamos con el reconocimiento del Gobierno angoleño, pero con la enemistad de las guerrillas y el recelo de los cubanos.

También para entonces el Ejército del Aire había desplegado para su misión en Namibia, UNTAG. El paso del Hércules y los Aviocar por el aeropuerto de Luanda, era para nosotros todo un acontecimiento y supuso una gran ayuda.

Pasamos de todo, incluida la malaria. Volamos todo tipo de aviones y helicópteros, fundamentalmente de fabricación soviética y brasileña. Tomamos y despegamos de cualquier modo. Vivimos en los sitios mas diversos. Cumplimos las misiones más variadas y en las más diversas condiciones. En Luanda disfrutamos de un sitio privilegiado, ESPA, de donde echaron a los miembros de una compañía petrolífera para que lo ocupásemos nosotros. Cuando terminamos la misión todos estábamos contentos y orgullosos de lo hecho. UNAVEM siguió varios años más. Para entonces también a España se le había dado el mando de la Misión de Naciones Unidas en Centroamérica.

No sería justo terminar sin tener un recuerdo para tantos que nos ayudaron del mejor modo. En Madrid, se volcaron los miembros del Estado Mayor del Ejercito y del Ministerio de Asuntos Exteriores con los que trabajamos. En Angola, la embajada de España, con el Embajador al frente que nos acogieron con todo cariño y perfección profesional. Médicos españoles, pescadores, periodistas, miembros de organizaciones de la ONU y no gubernamentales. Por encima de todo un profundo recuerdo a los misioneros españoles, que repartidos por toda la geografía angoleña, nos dieron permanentemente lecciones de dedicación desinteresada y amor al prójimo, sin tener en cuenta lo delicado de la situación ni el peligro.


ARTÍCULOS RELACIONADOS